Cuando Supe que Había Esperanza para el Pueblo de Cuba

El Pueblo de Cuba no estaba solo, podía contar con la ayuda de Dios.

En el último año que había pasado en Cuba, expulsado ya del trabajo, me había involucrado mucho en la iglesia, llegando incluso a ser presidente del grupo de jóvenes. En es entonces hacía no mucho tiempo que había tenido una experiencia que me llevó a encontrar en Dios un apoyo real, algo que cada día iba aumentando mi fe y me iba fortaleciendo cada vez más para hacerle frente a todo lo adverso que se me iba presentando. Fueron los hechos relacionados con el éxodo del Mariel los que presentaron el escenario para esa ruptura que necesitaba con todo lo que me impedía llevar abiertamente una vida de fe.

Una vez que me expulsaron del trabajo no me involucré de inmediato en la iglesia, pues producto de aquella vorágine que se estaba viviendo mucha gente que no se había podido ir del país, pero que sí había quedado identificada como contraria al sistema, encontró un refugio en las iglesias, momento que no iba a ignorar el gobierno para reforzar la presencia de infiltrados en las mismas, como siempre lo había hecho, pero en esta ocasión con más razón aún, conscientes de que se hablaría más de planes de salida del país que en otro tiempo, y el gobierno necesitaba estar bien informado de lo que allí se hablaba. Por mi parte no estaba dispuesto a enfrentar aquella persecución pues con la que ya soportaba era suficiente, pero una vez que esa furia inicial pasó fue que comencé a asistir a una iglesia en la que estuve hasta el momento de la salida, muy atento siempre a los temas que no estuvieran relacionados con la religión los cuales debía tener cuidado de evitarlos, a sabiendas que los infiltrados serían los más propensos a iniciarlos.

Fue por esta razón que al llegar a Francia era tan importante para mi encontrar una iglesia donde congregarme, de alguna forma necesitaba seguir alimentando el espíritu como lo hacía en Cuba, al menos lo intentaría. Desde mi llegada también me propuse leer la Biblia diariamente, era algo que nunca había hecho pues siempre había leído pasajes salteados. Comencé las lecturas aún antes de mudarme al cuarto, unas dos páginas cada noche y una vez que me mudé hasta tenía más tiempo pues en las noches estaba solo y no tenía ningún interés en hacer vida nocturna fuera de aquel pequeño espacio en que vivía. Jorge trabajaba también en las noches por lo que no tenía con quien salir, allí me sentía seguro y nada atraído por experimentar como aventurero, aunque estuviese viviendo en una de las ciudades con mayores posibilidades en el mundo, si no es que lo era realmente. Cada noche escribía a alguien, sobre todo a la familia, y después con la lectura de la Biblia se completaba aquello que se convertía en mi rutina de vida. Desde la primera carta que escribí había comenzado a anotar en una libreta las fechas y a quiénes escribía, así como los días de las llamadas, tarea que no abandoné hasta que salí de Francia, y nunca fue con un propósito definido, simplemente lo hice y fui constante.

Y fue en Mayo del pasado año 2012 que fui a Cuba con mi esposa y mi hijo a visitar a mis padres, quienes aún viven en la isla, cuando un día me dijo mi madre mostrándome unos paquetes muy bien envueltos que guardaba, las cartas que había recibido desde Francia. Me dijo que si quería me las podía llevar, y como en los viajes anteriores nunca me había hablado de esas cartas, decidí que me las llevaría. Ya de regreso en Miami tuve tiempo de organizarlas, y aunque en mi viaje desde Francia hasta Estados Unidos había perdido muchas cosas, sí había conservado una libreta con la que ahora podía identificar aquellas cartas que envié desde hace ya treinta años. Sí he podido comprobar que muchas no llegaron a su destino, aunque entre estas que recuperé se encontraba una de especial importancia para mí. En realidad no me importaba mucho aquellas que nunca llegaron. Agradecí a Dios por esa en particular que había escrito un día como hoy 24 de Febrero, pero de 1983, donde les hablaba sobre la experiencia que había tenido esa noche y que sentía había marcado un antes y un después, tanto en el plano personal como en nuestra vida como familia.

Esa noche no fui a la página marcada donde me había quedado la noche anterior sino simplemente a otra página que necesité abrir. Sin saber por qué me sentía nervioso, y me preguntaba cuál sería la razón. Vi que la había abierto en el principio del libro de Nehemías, un libro que nunca antes había leído, y la primera intención fue ignorarlo y buscar algún pasaje conocido que me resultara más agradable, pero era como si algo me dijera que aquello era lo que tenía que leer porque esa era la página que había abierto. De hecho aquello también mensaje de Dios, aunque conscientemente hubiera deseado leer otra cosa. Solo se que el sentimiento que comenzó a apoderarse de mi y las lágrimas que comenzaron a brotar de mis ojos me confirmaban que algo estaba pasando de parte de Dios y debía prestarle atención. Así fue que me decidí a leer todo el capítulo.

Nehemías 1.
(RVC)  

Oración de Nehemías por Jerusalén. 

Palabras de Nehemías hijo de Jacalías:

 «En el mes de Quisleu del año veinte, mientras yo me encontraba en Susa,
que era la ciudad capital del reino,

2  recibí la visita de Jananí, uno de mis hermanos, y de algunos varones de Judá.
Al preguntarles por los judíos que habían escapado con vida del cautiverio, y por Jerusalén,

3  me dijeron: “Los cautivos que quedaron con vida están muy mal y pasando por muchas vergüenzas;
la muralla de Jerusalén está en ruinas, y las puertas de la ciudad fueron quemadas.”

4  »Cuando escuché esto, me senté a llorar y durante varios días me puse en duelo;
y ayuné y oré al Dios de los cielos.

5  Le dije: “Señor, Dios de los cielos, tú eres fuerte, grande y temible.
Cumples tu pacto y eres misericordioso con los que te aman y guardan tus mandamientos.
6  Yo te ruego
que prestes atención a las súplicas que de día
y de noche te hace este humilde siervo tuyo en favor de Israel.
Reconozco que tu pueblo Israel ha pecado contra ti, lo mismo que mis antepasados y yo.

7  Nuestra corrupción ha llegado a los extremos, pues no hemos cumplido con los mandamientos,
leyes y estatutos que le diste a tu siervo Moisés.

8  ”Recuerda que ya le habías advertido a Moisés, que si nosotros llegáramos a pecar,
tú nos dispersarías entre las naciones,

9  pero que si nos arrepentíamos y te buscábamos y cumplíamos tus mandamientos,
y los poníamos por obra, tú nos harías volver
y nos llevarías a la tierra que elegiste como residencia de tu nombre,
aun cuando nos hubieras dispersado hasta los confines de los cielos.

10  ”Señor, somos tu pueblo; somos tus siervos.
¡Tú, con tu gran poder y tu brazo poderoso, nos liberaste de la esclavitud!

11  Yo te ruego, Señor, que prestes atención a las súplicas de este humilde siervo tuyo,
y a las de todos tus siervos, que honran tu nombre.
Concédele a este siervo tuyo tener éxito ante el rey, para que me conceda lo que le solicite.”

 

Con este texto pude darle forma a una realidad difícil, para mi muy conocida, y ante la cual Dios me mostraba lo tan al tanto que estaba  y para cuya resolución EL contaba con seres de carne y hueso que estuviesen dispuestos a creerle y seguirle con ese propósito. La realidad de Dios no era que esperáramos pacientemente a que EL arreglara todo a nuestro alrededor, sino que pedía nuestra participación en la solución de los problemas. Ese había sido el tema principal de la carta de aquella noche a mi familia, aunque me resultaba imposible transmitirles con detalles lo que estaba viviendo, aquel sentimiento que nunca antes había experimentado que no había sido provocado por emocionalismo, porque en realidad más tranquilo no podía estar aquella noche cuando tomé la Biblia en mis manos. Darles detalles representaba dejarlos con interrogantes que no se podrían responder, sobre todo porque nuestra comunicación era muy limitada, los minutos de llamadas les costaban mucho y su situación económica era muy difícil para estar explicando nada por teléfono, las cartas también demoraban.

Leyendo aquellas líneas no podía pensar que en otro lugar de la Biblia pudiera encontrar un relato como aquel en que alguien recibía noticias de su pueblo que estaba atravesando por situaciones realmente difíciles. Y Nehemías sentía el dolor de su gente y había decidido buscar la ayuda de Dios para hacer algo por ellos. En aquel momento pude sentir que aquel pueblo era entonces el mío, lo mismo que su sufrimiento, el que sentía canalizar a través de mi por todos mis hermanos cubanos. Era algo que no podía evitar. ¿Cómo era posible todo aquello, algo que yo no había planificado y que sentía cambiaría por completo mi realidad?

Creí entender que Dios estaba mostrando un plan que me colocaba en un plano diferente al que había ocupado hasta ese momento, plano en que ÉL dejaba de ser el Dios que había conocido hasta ese momento para asumir una nueva identidad a través de la cual se manifestaba de una manera mucho más real. Dejaba de ser Dios para convertirse en el Padre que hablaba a uno de sus hijos, revelando así su verdadera identidad. Por primera vez lo veía como un Dios de batallas, un Dios que intervenía no solo cambiando la vida de personas aisladas sino la de todo un pueblo. Sentía que me estaba haciendo una propuesta, que me dejara utilizar para ser partícipe de un plan, y en la duda de si aquello pudiera ser real o solo producto de mi imaginación, me decidí por la primera impresión. Estaba decidido a responderle a pesar de todos los contratiempos que aquella decisión pudiera provocar.

De momento no pensaba que podría compartir aquella experiencia con alguien que me comprendiera, todos dirían que estaba loco, pero sabía que aquello que estaba experimentando, por muy extraño que pudiera parecer, para mi era real. Hasta ese día duraron las lecturas de la Biblia con el patrón que había establecido y a partir de ahí comencé entonces una búsqueda mucho más profunda de Dios enfocado en recibir confirmación sobre aquel nuevo horizonte que vislumbraba. Estaba dispuesto a enfrentar lo que fuera, sin saber cómo sería aquello, pues es algo que no planificamos y para lo que no se tiene ningún tipo de entrenamiento. Sabía que era una decisión difícil pues de inicio el aceptar el reto representaba traicionar a mi propia familia, dejarlos plantados después que me había ido con el compromiso de sacarlos de Cuba, pero tenía confianza en que el mismo DIOS que me estaba hablando se encargaría de arreglarlo todo, por mi parte solo debía dejarme guiar. Para mi no cabía duda que aquella noche me había enterado de algo importante respecto al futuro de nuestra isla.

En realidad todo ha sido una larga prueba de paciencia, pero no importa cuántos años hayan pasado. Si treinta años atrás Dios me hubiese mostrado el tiempo que iba a tardar, de seguro que me hubiese desesperado, y creo que no lo hubiese aceptado pues se enfrentan situaciones muy difíciles y emociones muy fuertes que uno cree que el cuerpo no es capaz de soportar por mucho tiempo. Al principio creí que sucedería algo inminente y en base a eso di los pasos que entendí necesarios, aunque nada pasó, no obstante Dios supo darme ánimo y enseñarme a esperar. Ha sido gracias a confirmaciones que he tenido a través de todos estos años que he podido soportar la espera, que de no ser así hubiera pensado que una profunda añoranza por lo que había dejado atrás me había llevado a concebir una realidad ficticia, pero gracias a Dios ese no era el caso.

Esto no responde al proyecto de ninguna iglesia pues no soy miembro de ninguna, y no porque sea rebelde ni soberbio, es simplemente porque no he podido encontrar en la doctrina de la iglesia un esquema adecuado al que se pueda ajustar esta experiencia sin encontrarme con el rechazo y los cuestionamientos. El pastor de la iglesia de Cuba fue uno de los primeros en saber lo que sucedía cuando mi madre, desesperada por lo que interpretaba de mis cartas y pensando que por la tristeza de la separación estaba escapando de la realidad con ideas de un futuro irreal para nuestra tierra, le confió a él lo que pasaba. Y como cualquier otro hubiese pensado, opinaba que todo era provocado por mi desesperación de verme solo, pero la realidad era que por ese lado más tranquilo no podía estar. Él opinaba que yo no tenía preparación suficiente para recibir un mensaje como aquel pues era un novato en las cosas de Dios, pero lo cierto era que con madurez o sin ella de repente me había visto metido en algo y tuve que decidir por mi mismo sin contar con la opinión de nadie más, ¿y quién me iba a entender?. Así fue que lo arriesgué todo por seguir lo que me pedía aquella voz interior que tan claramente se dejaba escuchar.

Año y medio después cuando llegué a EU y compartí la experiencia con algunos pastores cubanos bastante allegados tratando de buscar apoyo, pero todos estaban enfrascados en ver cómo seguían ayudando a sus familiares a salir de Cuba, de donde se iban sin esperanza de que pudiese haber un cambio por mucha fe que pudieran tener en Dios, cambio por el que ni se oraba pues para todos la situación de Cuba no tenía remedio. También fui a ver a dos sacerdotes pero aquello no tenía mucho sentido para ellos. Realmente no valía la pena seguir insistiendo y que se siguieran burlando,  mientras tanto yo seguiría creyendo con la fe que tenía, no con la ajena.

Cada unos cuantos años en que he necesitado tener alguna confirmación, más allá que la que Dios pudiera mostrarme en el diario vivir, he ido entonces a alguna iglesia a la que me sintiera motivado, sin preferencias por denominación alguna, a veces aceptando una invitación que alguien me hiciera. Nada que fuese forzado, pero confiado que el tema que decidieran tocar ese día, ignorando por completo cual fuera mi necesidad, sería Dios mismo confirmando que la promesa se mantenía vigente. Así ha sido desde el principio, nunca ha fallado, viendo como Dios utiliza al que menos imaginemos para hablarnos  siempre que estemos dispuestos a escuchar. Así lo he experimentado con sacerdotes, con ministros evangélicos, con rabinos mesiánicos y hasta con oradores de los Testigos de Jehová, experiencia que me ha servido para no ver barreras entre unos y otros, por eso es que he podido hacerlo pues haber sido miembro de una determinada congregación me lo hubiera impedido. Todos enfrascados en llevar el mensaje de Dios a quienes no le conocen, mientras que espera el momento en que decidan ponerse de acuerdo y sentarse juntos a su mesa.

Así es que he ido alimentando mi FE, aunque a veces parece como si nos abandonara. No ha sido fácil porque hasta la unidad de la familia ha estado en riesgo cuando papá hablaba del tema. Es imposible meterle a nadie en la cabeza la experiencia que has vivido, sobre todo cuando es algo tan poco habitual y carente de lógica. Es muy fácil que piensen que si uno se quiere estrellar lo mejor es que lo haga solo, pero sin querer arrastrar a los demás consigo. Ese convencimiento en mi familia no lo he logrado yo, sino el mismo Dios, y ha sido cuestión de tiempo, como el madurar de una fruta, solo que ésta no sabíamos cuánto tardaría.

Siempre habrá una fuerte oposición a todo plan divino, es una lucha constante mientras que las fuerzas que se oponen a Dios tienen alguna esperanza de destruir SU plan, pero es algo que solo pueden intentar hasta un punto. Hemos pasado por momentos muy difíciles pero ya reina la armonía entre nosotros, los tres vibramos en el mismo acorde, de no ser así no estarían escribiendo junto conmigo en el blog.

El 24 de febrero es una fecha muy significativa para nosotros los cubanos, detalle que nunca pasé por alto. Para Cuba representó el reinicio de la lucha por la independencia encabezada por nuestro Apóstol José Martí. Es evidente que el fruto de tantos sacrificios a lo largo de décadas no ha logrado la verdadera libertad en nuestra tierra, el que diga lo contrario pienso que no sabe de lo que está diciendo, sería como preguntarle el concepto que tiene de libertad a un pájaro que haya nacido en jaula.

Me temo que la autoridad de la parte humana desentendida de Dios va llegando a su fin y comienza la autoridad divina a dirigir los destinos de la humanidad. Sé que Dios ha escogido a nuestra tierra para hacer grandes cosas, para ser el escenario de acontecimientos como ninguna otra nación sobre la faz de la tierra ha experimentado en la historia moderna. Ese mismo lugar que el Kremlin, símbolo de una doctrina atea, había escogido en el corazón de América como una más de sus repúblicas para desde allí predicar la doctrina del odio y la inexistencia de Dios, es ahora el escenario escogido por Dios para hacer llegar al mundo entero el verdadero mensaje de Paz y Hermandad entre los hombres.

El Sol de Justicia comienza a levantarse victorioso sobre nuestra nación.

Comentarios

  1. Aymee Fuentes Sopeña says:

    El Sol de justicia comienza a levantarse…….amen……Claro que si…has esperado mucho tiempo y entiendo que hay que tener fe de hierro para no flaquear pero te aseguro el éxito….En horabuena……!!!!!

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