Necesidad de un Yom Kippur Para los Cubanos

Un Yom Kippur para los cubanos.

En más de una ocasión antes de escribir mi primer comentario en este blog y según me adentraba más en el tema de encontrar nuestro valor como individuos, como pueblo, en el pasado, en esas experiencias vividas que en la mayoría inevitablemente evocarían tristes recuerdos, me cuestionaba si sería lo mejor no tocar el tema pues era probable que muchos no estuviesen preparados para entender que la idea nos conduciría a resolver problema alguno.

Personalmente hacía mucho tiempo que había vencido el resentimiento que guardaba en contra de aquellos que tanto daño habían hecho a mi familia y trataba de ver que en ese nuevo curso en que forzosamente se había tenido que encarrilar nuestra vida había también bendiciones que agradecer y que si por alguna razón Dios no lo había impedido, quizás habría algún propósito en todo lo vivido y a su debido tiempo lo encontraría. No es que estuviera convencido de que esa fuera la realidad pero era una posibilidad a considerar.

Sabía de muchas personas que aún después de todos estos años transcurridos desde los sesentas no habían superado la secuela dejada por los duros momentos que habían vivido y parecía un imposible que lo pudieran lograr. Solo una intervención muy directa de Dios lograría hacer un cambio. En lo personal, después de casi treinta años había tenido la experiencia de recibir desde Cuba la carta de un amigo de la universidad, alguien que cegado por la locura de defender aquello que nos forzó a tantos a irnos, había asumido en mi contra una actitud que jamás hubiese esperado de su parte. En dicha carta me confesaba lo miserable que se había sentido por espacio de unos ya veinticinco años, que no había día de su vida que no recordara lo que me había hecho, pero que merecía escuchar de mi que no lo perdonaba.

El hecho había tenido lugar cuando los actos de repudio del Mariel, pero este no era el único amigo que estaba sufriendo. Vino a verme otro que también se había ido de Cuba años después de haberme ofendido por ese motivo. Necesitaba encontrarse conmigo frente a frente, ni siquiera por medio de un correo ni por teléfono quiso hablarme del asunto. Lo esperé en el aeropuerto, nos dimos un estrecho abrazo después de todos esos años y con sus ojos llenos de lágrimas me dijo, te pido perdón, pero quiero escuchar de tus labios que no me perdonarás nunca, porque no lo merezco. 

Sin que se hubiera puesto de acuerdo con el otro me estaba haciendo la misma petición, querían escuchar que no los perdonaba. Solo así pude comprender la forma en que había vivido torturado por más de veinticinco años, sentí realmente mucha lástima por él. El recuerdo de aquella experiencia me había perseguido por varios años, preguntándome siempre por qué habíamos tenido que atravesar por algo tan triste y por qué gente tan allegada a uno había actuado como si fuesen desconocidos descargando tanto odio sobre nosotros. Por supuesto que no los podía complacer negándole el perdón, en ocasiones el no perdonar una ofensa llega a hacer tanto daño como el daño mismo, aunque de palabra resulta fácil decirlo y no todos los daños fueron de la misma intensidad.

Lo cierto es que los había perdonado mucho antes que me lo pidieran, y el daño que me habían ocasionado era insignificante en comparación a lo que otros habían sufrido, por eso me preguntaba en qué condiciones estarían viviendo tantos otros que habían llegado mucho más lejos. Otros que no habían tenido el valor de dar ese paso que ellos habían dado. Aunque estoy convencido de la importancia de perdonar se que no es fácil pensar en aquel que perdió a un ser querido en esa odisea que tantos han vivido. En situaciones así es que tiene un sentido mucho más profundo la confesión de mi amigo, “te pido perdón, pero quiero escuchar de tus labios que no me perdonarás nunca, porque no lo merezco”. Puede que una frase como esa sea la que llegue a tocar la fibra de nuestro interior a la que nadie ha podido llegar, la que logre verdaderos cambios en nuestra percepción de la realidad y nos muestre una imagen diferente de la naturaleza humana,  la que nos ayude a liberar un poco de ese dolor que hemos guardado durante tanto tiempo.

Estoy seguro que mi experiencia no era un caso aislado, tendrían que haber muchos más viviendo un cuadro similar al de mis amigos. Por haber podido palpar esa necesidad de paz interior que aún después de tantos años experimentan muchos de los nuestros fue que pude apreciar lo provechoso que sería enfrentar nuestra realidad pasada, realidad en la que habían víctimas tanto de un lado como del otro. De seguro que sería mucho el dolor el que se podría aliviar, aunque las cicatrices de muchos permanecieran para siempre. 

Recordaba que había una celebración judía dedicada al ejercicio del arrepentimiento y el perdón y me informé sobre ello, era el Yom Kippur. Vi que era la culminación de diez días que comienzan con el año nuevo judío, conocido como el Rosh Hashaná, pero que era precisamente en estos días que se estaba celebrando. Comenzó a la caída del sol el día 4 y se extendió hasta su puesta ayer día 6. Para nuestro calendario no siempre cae en la misma fecha del año pues esta determinado por la luna nueva, aunque siempre cae alrededor de estos días de septiembre.
Esos diez días son de recogimiento y reflexión en las faltas cometidas durante el año, es un tiempo de purificación al cabo del cual se celebra el Yom Kippur, día de la expiación, del perdón y del arrepentimiento sincero. Esta celebración es un llamando a la meditación y al autoanálisis, con el propósito de hacer compromisos de retomar el camino justo. Es considerado el día más santo y solemne del año, la celebración más importante entre los judíos.

El fin que persigue Yom Kippur es que el individuo se libere del sentimiento de culpa y pueda desarrollar a plenitud el papel que está llamado a realizar en la vida sin arrastrar con la carga que la culpa representa. Es una forma de recuperar la dignidad en caso de haberla perdido. El no creyente puede pensar que Dios no tiene nada que ver en el asunto pero en el mundo espiritual se acepta que ese sentimiento interior de culpa no es más que una forma de manifestación de Dios llamando al arrepentimiento. La razón por la que el Yom Kippur se celebra anualmente es porque los judíos saben que llevar el peso de la culpa por períodos prolongados de tiempo acarrea consecuencias lamentables.

No es que seamos judíos pero sin duda que de alguna forma estamos conectados con ellos, y la realidad es que si celebraban su Yom Kippur cada año es porque era una necesidad. Para nosotros nunca fue una costumbre pero sin duda que lo necesitamos también. A lo largo de todos estos años el alma de nuestro pueblo se ha ido resintiendo en gran manera, es un alma partida en dos. El daño tiene un alcance tal que a veces parece imposible remediarlo, pero debemos confiar en que Dios puede ayudarnos.

Es sabio copiar de otros lo que es bueno y pienso que esa costumbre judía es algo que deberíamos considerar, sería algo que de seguro nos haría mucho bien como pueblo a la vez que representaría un mensaje de alerta para aquellos que aún no han despertado a la realidad en nuestra isla, quienes al amparo del poder continúan abusando de gente indefensa.

Deje su comentario

*