Símbolos Eternos Presentes en la Bandera Cubana

 

Bandera Cubana

 

Símbolos de mi Fe en Dios presentes en la Bandera Cubana.

Pasaban los días y yo atento hasta en el más mínimo detalle de lo que ocurría a mi alrededor, tratando de identificar todo lo que pudiera arrojar alguna luz sobre la experiencia que estaba viviendo. Anotaba lo que creía digno de recordar en que la mente luego pudiese traicionarme, aunque en aquel momento era imposible imaginar que transcurrirían tantos años hasta que pudieran servirme de algo esas notas que tomaba.

Fue gracias a eso que sé que fue un 11 de abril cuando como de costumbre me levanté temprano para irme al trabajo, pero no pasé por alto que estaba pensando en la bandera cubana con marcada insistencia, algo que no me parecía muy normal. Desde el 24 de febrero recién pasado Cuba era el centro de mis pensamientos, pero en ningún momento me había enfocado en la bandera, y lo cierto es que aquella imagen se mantuvo en mi mente por el resto del día y no se iba. Me acosté esa noche y dormí bien, como siempre dormía, pues aquella experiencia que estaba atravesando no me había afectado el sueño en lo más mínimo, pero al amanecer del día siguiente fue como si la bandera estuviese esperando a que me despertara, y confieso que ya comenzaba a incomodarme. Al regresar del trabajo la conserje del edificio me esperaba con una carta que había llegado de Cuba, la primera que recibía como respuesta a la también primera mía en que les mostraba un cambio tan radical en mi actitud, o en mi sentido de compromiso hacia ellos. La misiva venía cargada de ataques pero el único propósito era hacerme reaccionar, pero tenía que ponerme en el lugar de ellos y comprender lo frustrante que debía ser, y de veras que me dolía, pero sentía que al final sería lo mejor para todos, no debía flaquear. Después de leerla salí caminando hasta las orillas del Sena en un intento por aclarar un poco aquellos pensamientos que amenazaban con atormentarme.

Allá fui a sentarme en un banco a orillas del río, meditando una vez más en lo que había vivido en las últimas semanas. Recordaba mi confesión a Dios aquel día de mi partida mientras esperaba que despegara el avión del aeropuerto de La Habana unos meses atrás, reviviendo mis pensamientos cuando le decía más o menos en estas palabras: “Señor, tú conoces nuestros planes y sé que contamos con TU ayuda, pero por encima de esos planes están los tuyos, que de seguro serán mucho mejores que los nuestros; estoy en tus manos, pero que se haga tu voluntad”. Ya había estado meditando en esa confesión en relación a lo que estaba viviendo, pero ahora le estaba pidiendo a ese mismo Dios que me sacara de la mente aquella imagen de la bandera que ya me estaba atormentando. No era ajeno al cambio que se estaba operando en mi vida y la crisis que estaba provocando en la familia ya era evidente. Ahora lo de la bandera no tenía por qué ser un hecho aislado, tenía que ser parte de lo mismo, pero no lo podía entender. Con esa perspectiva y después de un largo rato  entonces fui comprendiendo.

Aquella aparente tortura no lo era en realidad, era Dios mostrándome los símbolos que había en nuestra bandera, revelando detalles que daban más sentido su plan seleccionando a una nación en particular para un propósito. La bandera encerraba los símbolo que establecían nuestra identidad como nación, como instrumentos en las manos de DIOS, y así fue que pude ver con claridad su significado; las tres listas azules no eran tales listas, no eran sino un fondo azul representando el cielo sobre el que se destacaban las dos franjas blancas, representación de Dios Padre y de Jesucristo, cuyo propósito había sido la manifestación del amor de Dios a los hombres a través de un ser de carne y hueso que les enseñara de qué forma poner en práctica el amor entre los hombres.

En el triángulo, a los dos símbolos antes mencionados se le unía un tercero, el Espíritu Santo, el poder transformador de Dios ante cuya manifestación es que se producen los cambios, tanto en la vida de los seres humanos como en las circunstancias que los afectan directamente. El color rojo era símbolo de sangre, símbolo de sacrificio, pero no solo la sangre de Jesús derramada en la cruz, sino también sangre de muchos otros inocentes que también habían pagado  con sus vidas precio de redención por la Patria a lo largo de nuestra historia intentando conquistar la verdadera paz para nuestra tierra.

Para mi tienen un profundo significado las palabras de Jesús en Mateo 5:9 cuando dice:
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos también serán llamados hijos de Dios”.
Es una condición que concede a los hombres el derecho a ser llamados también hijos de Dios, no solo a Jesús, sino a todo aquel de corazón puro que busque la Paz legítimamente, ese también es llamado Hijo de Dios, y sangre de esos hijos buscadores de Paz era la que había ido llenando el cáliz de Dios, el cual parecía comenzaba ya a desbordarse.

La estrella simbolizaba la manifestación de Dios a los llamados gentiles, a los pueblos no judíos. Fue por medio de una estrella que se había anunciado el nacimiento de Jesús a las naciones del mundo, la estrella que guió a los astrólogos que venían buscando al niño que había nacido. Esa estrella representaba la manifestación de Dios al resto de las naciones, entre ellas la nuestra, la misma estrella que aparecía en nuestra bandera.

No podía dar crédito a aquella realidad. Veía que aquello tenía sentido realmente, no había necesidad de forzarlo para que pareciera lógico. Sabía que lo que experimentaba en aquel momento no era una invención de mi mente. ¿Cómo se me iba a ocurrir semejante cosa con tanta preocupación que tenía por mi familia y por la forma en que estaban reaccionando en mi contra? De inicio me asaltaban las dudas y trataba de pensar en otras banderas, aunque en aquel momento apenas recordaba ninguna, pues era posible que en otras banderas también se pudieran identificar esos elementos y la nuestra no fuera nada especial. Sabía que la de Puerto Rico era idéntica en detalles de formas pero los colores cambiaban por completo el significado. Cuando tiempo después tuve oportunidad de consultar un atlas me di cuenta lo imposible de encontrar en otra bandera esos símbolos dispuestos con tanta simetría como aparecían en la nuestra. Sin duda que desde hacía muchos años alguien los había plasmado de esa forma como parte de un propósito temporal, sin poder imaginar que ya formaba parte de un plan de mayor alcance para nuestro futuro. No me cabía duda que la huella de Dios estaba en el estandarte de nuestra nación. A partir de aquel día la imagen de la bandera ya dejó de torturarme.

Desde aquel momento sentí la necesidad de confeccionar una, lo que pude hacer meses después. Sí, la bandera es esa de la foto del principio, cosida a mano completamente. Otro día les contaré los pormenores de su confección, ocultando a mi compañero de cuarto el verdadero motivo, pues aunque ya él supiera de aquella pesadilla que vivía respecto a Cuba,  no quería agregar más síntomas de locura a los que ya eran suficientes para creerlo. Como podrán darse cuenta está hecha en piezas separadas que se van superponiendo. Cuanto significado tenían para mi aquellos pedazos de tela, no eran otra cosa sino los símbolos del plan redentor de DIOS plasmado en nuestra enseña nacional.

Asimilando esa simbología presente en la bandera no fue difícil entender el significado de otros símbolos en nuestro escudo de armas, entre ellos el sol en el campo central, cuyos rayos se extienden cubriendo mares y continentes a ambos lados de nuestra isla, la que está representada por la llave. El propósito de esta llave era el de abrir nuevos caminos, nuevos horizontes para la humanidad, y para ello nuestra isla estaba ubicada en el mismo corazón de las Américas. En el campo izquierdo se repetían las dos franjas blancas sobre el fondo azul del cielo de la bandera. En el campo derecho se destacan dos montañas de igual tamaño con una palmera entre ellas dos. En el tiempo de confección de la bandera Puerto Rico al igual que Cuba luchaba también por su independencia, y la unión de ambas naciones daba más fortaleza al movimiento independentista contra España. Se considera que ambas estaban representadas por esas dos montañas.

A partir de 1959 nuestro pueblo comenzó a identificarse ante el mundo por ser un pueblo dividido; los cubanos de la isla y los cubanos del exilio, realidad que nos ha marcado muy profundamente. Llevamos medio siglo separados pero es algo que ya debe terminar, y de seguro que va a terminar. Para nosotros como nación es de vital importancia la unión de nuestros pueblos en uno solo, aquel que ayude a levantar de las ruinas a nuestra Patria para que alcance el nivel de vida en libertad, seguridad y prosperidad que sus hijos merecen y que un gobierno corrupto ha sido incapaz de guiarnos a alcanzar. Ojalá que nuestros hermanos de Puerto Rico quisieran cedernos su montaña que está en nuestro escudo para que las dos se conviertan en símbolo de esos dos pueblos cubanos que han estado separados y que finalmente se unen.

Para mi, como hijo adoptivo de la ciudad de Cárdenas, es un orgullo compartir esta experiencia porque fue precisamente en nuestra querida ciudad donde ondeó por primera vez la bandera un 19 de mayo de 1850. Ciudad que ha sido conocida en la historia de Cuba como cuidad de primicias, razón por la que hoy quiero dedicarle a ella este artículo, creyendo que aún tendrá oportunidad de ganar nuevos galardones por el bien de nuestra nación.

Nuevos aires ya comienzan a soplar y todos a nuestro favor. No estamos robando a nadie una bendición que no nos pertenezca. Una nación sería la candidata a experimentar la verdadera Paz y a servir de instrumento para llevarla al resto del mundo y todo parece indicar que ha sido la nuestra la seleccionada.

Veamos qué nos dicen las escrituras respecto a que pueda haber otra nación en el plan de Dios que no sea precisamente la nación de Israel: 


Juan 1:11

La Palabra vino a lo suyo, pero los suyos no la recibieron.

Hechos 13:46
Entonces Pablo y Bernabé les dijeron con toda franqueza:

Estamos seguros de que era necesario que ustedes (los judíos)
fueran los primeros en escuchar la palabra de Dios.
Pero como ustedes la rechazan y no se consideran dignos de recibir la vida eterna,
ahora vamos a predicarles a los que no son judíos.

Isaías 54:1
« ¡Regocíjate, mujer estéril, tú que no dabas a luz!
¡Eleva tu canto y da voces de júbilo, tú que nunca estuviste de parto!
¡Más hijos tendrá la desamparada que la casada!

Isaías 5: 26
Agitará una bandera para llamar a naciones lejanas;

con un silbido llamará a los que están en los confines de la tierra;
y estos vendrán con gran rapidez.

Mateo 21:42 Jesús les dijo:
« ¿Nunca leyeron en las Escrituras:»

La piedra que desecharon los constructores, ha venido a ser la piedra angular.
Esto lo ha hecho el Señor, y a nuestros ojos es una maravilla”?

Isaías 65:1
Los que no preguntaban por mí, me buscaron;

los que no me buscaban, me encontraron.
A los que no invocaban mi nombre, les dije «Aquí me tienen».

Romanos 9: 25, 26.
Como también se dice en Oseas:
«Llamaré “pueblo mío” al que no era mi pueblo,

Y llamaré “amada mía” a la que no era mi amada.
Y en el lugar donde se les dijo: “Ustedes no son mi pueblo”,
Allí serán llamados “hijos del Dios viviente”.»

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“El  calvario de Cuba no ha sido en vano. Ya son muchos los Cristos que han sido crucificados”.

 

 

Comentarios

  1. Aymee Fuentes says:

    Me ha transportado muy lejos leer esto…..si…a aquellos tiempos que recuerdo ahora con mas exactitud porque hablas de ellos….la vida esta llena de misterios pero que bueno que podamos encontrar respuesta en cada cosa verdadera en la que creemos……Tu escrito esta lleno de sabiduría pero sobre todo de mucha esperanza para todo el pueblo cubano…..escribe más porque sé que aun te quedan muchas cosas por decir……

  2. Muy hermoso el articulo, me gusto el hecho que mezclas la historia de nuestra bandera con tus experiencias personales, una agradable sorpresa encontrar este blog.

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