Dedicado a la Memoria de Nuestro Apóstol

Cultivo una rosa blanca de MartiConcluyendo el artículo anterior mencioné que hoy precisamente se estaban cumpliendo 144 años de que nuestro Apóstol José Martí publicara su primer artículo cuando apenas era un jovencito de dieciséis años. Este gran acontecimiento tuvo lugar el 19 de Junio de 1869, y es un hecho que de alguna forma merece recordarse, pues en realidad es mucho el mérito que tiene. Para mi fue una gran sorpresa el descubrirlo, ajeno por completo a que el día que había decidido publicar por primera vez en este blog resultaba ser el mismo día que el joven Martí había publicado su primer escrito, El Diablo Cojuelo.

Es por ello que lo más aprisa posible he escrito este otro artículo a modo de homenaje, algo que es para mí motivo de gran satisfacción, pues de veras me entusiasmo cuando suceden estas cosas, y le presto atención a este tipo de coincidencias, pues lo veo como fuerzas que se manifiestan armoniosamente logrando que eventos aparentemente aislados coincidan en determinado momento. Ojalá que este sitio cumpla su propósito pues cosas así me llenan de optimismo.

En lo personal siento una gran admiración por la obra de Martí y por la persona que nos deja ver a través de sus escritos. Creo que cada vez que leemos algo suyo es una oportunidad de convertirnos en una mejor persona. Confieso que mientras estuve en Cuba no me interesé por su obra, fue ya en el exilio que descubrí el caudal que nos había dejado y confieso que me sacó las lágrimas en más de una ocasión. Lo que haya leído en Cuba fue desde una perspectiva muy diferente y en la que lo llegué a ver como uno más de los responsables de todo lo negativo que estaba rechazando del sistema imperante.

Cuando pienso en mi hijo a los dieciséis años y veo que a esa edad Martí ya estaba escribiendo con tanta convicción sobre su realidad, es sorprendente el nivel de conciencia que encontramos en sus palabras, en ese compromiso que a tan temprana edad había contraído ya con su Patria. No había libertad de prensa en Cuba, la misma que nos sigue faltando después de casi siglo y medio, y en la primera brecha que se presentó no perdió la oportunidad de dar a conocer sus ideas. No es de extrañar que todo el acopio de valor y de frustración acumulada por aquella atmósfera que lo ahogaba, fuera como una explosión que salió de aquel pecho de hombre apresurado, cuando en su primer párrafo estampó las siguientes palabras:

“Nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, más a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo. Poco me importa que un tonto murmure, que un necio zahiera, que un estúpido me idolatre y un sensato me deteste. Figúrese usted, público amigo, que nadie sabe quien soy: ¿qué me puede importar que digan o que no digan?”

Que a los dieciséis años dijera que nunca había sabido lo que era público, ni escribir para él,  y que…..ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo. Habla como si desde mucho antes hubiese estado listo para hacer algo así, solo que no le había sido posible. ¿Pero a qué edad entonces? ¿En una vida anterior? Es realmente increíble. Yo casi con cuatro veces su edad de entonces, no creo tener el valor de hacer mías esas palabras que al parecer denotan la inmadurez propia de la suya, pues así de golpe pegan un poco duro, hasta cierto punto hirientes, pero quién sabe si estando en su pellejo en aquel momento, al contemplar los personajes típicos de la época y de su entorno, fueran esas las justas palabras que expresaran el sentir de su joven corazón. Con el pasar de los años le fue llegando la templanza, sin que por ello dejara de ser certero en sus planteamientos.

Cuando intentamos sacarle al párrafo todo la sustancia, se ve que el muchacho no escribió tan a la ligera. Realmente, si un tonto murmuraba, qué podía importarle, y si un necio zahería, pues tampoco. Simplemente cortaba por lo sano producto de su inmadurez.

Me animé a compartir el Salmo 144  por los años que han transcurrido desde esa primera publicación del apóstol. Para la época en que fue escrito el salmo, alrededor de mil años antes de Cristo, el que podamos identificar aunque sea en un verso una de las caras de nuestra realidad en Cuba, de lo que hemos vivido unos y lo que siguen viviendo otros, podremos tomarlo como una señal de que Dios no se ha desentendido de nosotros.

El título del Salmo es “Oración por la Prosperidad del Pueblo“. Es como un símbolo de la prosperidad que esperamos para el nuestro y la oración que todos pudiéramos hacer, la que también hubiera hecho Martí por nuestra tierra, porque la libertad que él tanto añoraba aún la estamos esperando.

Confiemos que ya está cerca. Meditemos en cada frase, para que la luz que cada una de ellas encierra ilumine nuestros corazones con un rayo de esperanza.

Salmo 144

Reina Valera Contemporánea (RVC)

Oración por la prosperidad del pueblo.

Salmo de David.

1  ¡Bendito seas, Señor, mi roca!
Tú me entrenas para la batalla;
fortaleces mis manos para el combate.
2  Tú eres mi castillo de misericordia,
mi fortaleza, mi libertador;
eres mi escudo, y en ti me refugio;
¡tú haces que los pueblos se sometan a mí!

3  Señor, ¿qué son los mortales para que te preocupes por ellos?
¿Qué son los seres humanos para que los tomes en cuenta?
4  Los mortales son una ilusión pasajera;
su vida pasa como una sombra.

5  Señor, inclina los cielos y desciende;
toca los montes y hazlos humear.
6  Dispersa con tus relámpagos a mis enemigos,
lanza contra ellos tus dardos de fuego, y confúndelos;
7  extiende tu mano desde las alturas,
y rescátame del mar, porque me ahogo;
líbrame del poder de esos extraños
8  cuya boca dice cosas sin sentido
y cuyo poder es un poder falso.

9  Señor, voy a dedicarte un canto nuevo;
lo cantaré al son del arpa y del salterio.
10  Tú eres quien da la victoria a los reyes;
tú libras de la espada a tu siervo David.

11  ¡Rescátame! ¡Líbrame del poder de gente extraña,
cuya boca dice cosas sin sentido
y cuyo poder es un poder falso.

12  Que nuestros hijos, en su juventud,
crezcan como plantas vigorosas.
Que nuestras hijas sean hermosas
como las columnas labradas de un palacio.
13  Que nuestros graneros se llenen
y rebosen con toda clase de grano.
Que nuestros ganados en el campo
se multipliquen por cientos y miles.
14  Que nuestros bueyes resistan el trabajo.

Que no nos tomen por asalto ni nos lleven cautivos,
ni haya pánico en nuestras calles.

15  ¡Dichoso el pueblo que tiene todo esto!
¡Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor!

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Comentarios

  1. Aymee Fuentes Sopeña says:

    Confio yo también en que muy pronto todos los cubanos tengamos todo eso……Amén.

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