Injusticia que Prevalece en los Juicios de Cuba

Año de 1979, carnavales del pueblo de Jovellanos, provincia de Matanzas, Cuba.

Varios amigos de la zona de Carlos Rojas se habían encontrado en los carnavales de Jovellanos y pasaban juntos un rato cuando un conocido se les acercó para hablarles sobre un tema que les podría interesar, una salida ilegal del país. El tal individuo sabía claramente que ellos no simpatizaban con el sistema, razón por la cual les había hecho tal propuesta. Entre ellos estaba el esposo de una tía, hermana de mi madre, cuyo padre se había ido a Estados Unidos hacía ya muchos años y su deseo siempre había sido llevarse al hijo con él, pero la negativa de mi tía de abandonar a la familia había sido siempre el impedimento. Y así mismo se lo hizo saber al grupo para que no contaran con él, porque nohttp://cupus.org/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif se iba a ir dejando atrás a su esposa. Así parecía haber quedado excluido por completo del proyecto.

Aquel inesperado visitante avisó al grupo que tendrían una reunión en una finca para concretar con más detalle los pormenores del viaje, pero resultó que el hombre no se apareció solo a la cita, sino que vino acompañado de agentes de seguridad del estado para llevárselos a todos detenidos por intento de salida ilegal del país. Ese había sido el único propósito de aquel buen señor, tenderles la trampa para así poder justificar el meterlos en la cárcel. De hecho no les ocuparon nada, ni barco, ni dinero recogido ni nada que fuera una prueba de la supuesta salida. Qué iban a encontrar si no habían hecho nada, lo único que había hasta ese momento era la acusación de aquel individuo, pero en la Cuba de los Castro con eso ya era suficiente.

Hasta al esposo de la tía que no se había involucrado en nada, que ni siquiera había ido a la reunión, fueron a buscarlo a su casa y se lo llevaron preso también. No importaba que hubiese dicho que no contaran con él, lo acusaron de encubridor, por el solo hecho de haber sabido que los demás estaban planeando irse de forma ilegal y no haberlos denunciado.

¡Qué degenerado aquel tipo que se había prestado para organizar aquel macabro circo! ¿En qué cabeza cabe que el tío fuera a denunciar a sus propios amigos por intentar irse de Cuba, sabiendo por la situación tan difícil por la que atravesaba el país? Es evidente que el socialismo, al menos el que nos tocó a nosotros, concibe como normales, manifestaciones de sentimientos muy ajenos a los de seres sensibles. Todo era parte de un método concebido por mentes llenas de odio y envidia servidores del gobierno, para ir metiendo en la cárcel a todos aquellos que sabían que no les simpatizaban, pues había menos riesgo teniéndolos presos que en la calle, aunque fuese gente pacífica. Así fue que el tío Alvarito fue a prisión con el resto de sus amigos.

Corrían los primeros meses de 1980. Mi tía era la que siempre iba a la prisión a visitarlo y no eran nada agradables las noticias que traía. Los habían recluido junto con presos comunes y los maltrataban físicamente al extremo que le ponían corriente eléctrica en los testículos, como si fuesen prisioneros de guerra a los cuales hubiera que sacarles secretos por medio de la tortura. Y pensar que todo aquello estaba sucediendo por una acusación inventada solo por hacerles daño. Otros familiares de amigos del grupo contaban las mismas historias sobre el maltrato a sus presos.

Cuando aún estaban pendientes de juicio fue que se desató el éxodo del Mariel, por lo que la familia pensaba que en cualquier momento llegaría la noticia de que se habían llevado al tío para Estados Unidos. Pero eso nunca sucedió, ni con él ni con ninguno de los otros del grupo. Fueron solamente los reos más problemáticos con historial delictivo los que sacaban de las cárceles, pero los que estaban presos por abandonar el país, todos esos se quedaron en Cuba. Fue como una forma de castigarlos sacando a los otros delante de sus propias narices y dejándolos a ellos.

Llegó finalmente la fecha del juicio y con ella la sentencia. Al tío lo condenaron a un año de cárcel acusado de encubridor, al resto no sé si a dos o tres, no recuerdo bien, pero lo más singular del juicio fue que los condenaron sin que hubiese nadie que los acusara, pues aquel buen señor que les había tendido la trampa no compareció el día del juicio. ¡Y mucho cuidado con que a alguien se le ocurriera protestar por tamaña falta de justicia! Sí, esa era la justicia revolucionaria y había que aceptarla. Se corrió la voz que el tipo se había ido de Cuba en el éxodo del Mariel, aunque no podía asegurarse. La realidad es que el hecho de ser condenados sin acusador no era algo que tuviese gran trascendencia para los cubanos, era normal cuando se trataba de personas desafectas al sistema, violaciones muy comunes a los derechos de los ciudadanos desafectos al sistema.

Nunca supe cuántos amigos fueron los que estaban presos con el tío, aunque para sensacionalismo hubiera dicho que cuatro y que con el tío eran cinco, para así poder compararlos con el famoso juicio de la historia, el de los cinco héroes, cuya campaña por su liberación no cesa de argumentar sobre lo injusto del proceso y las condenas a que fueron sentenciados. Es paradójico ver cómo el gobierno cubano reclama justicia en este juicio, cuando en Cuba ha sido tan normal que los juicios sean como el del tío y sus amigos, infelices que no fueron noticia, todo ocurrió en silencio. Cuánto no hubieran deseado escuchar alguna voz que se levantara por ellos en nombre de la justicia, pero no la hubo, ni abogado defensor siquiera. Si no había quién los acusara, ¿con qué argumento podían entonces sentenciarlos? Además, quién iba a atreverse a defenderlos si el que lo hiciera ya se estaba convirtiendo también en cómplice, para Cuba no tenía sentido alguno hablar de defensa.

Está claro que los hijos de los cinco héroes necesitan a sus padres con ellos, pero esa ha sido también la triste y larga realidad de muchos niños cubanos de tener a sus padres presos por el único hecho de defender su derecho a pensar diferente. ¿Es que acaso esos no cuentan? Esos que ocupan el poder en Cuba exigen que se aplique justicia cuando a sus intereses se refiere, pero se olvidan que ellos han sido incapaces de ejercitarla cuando se trata de su propio pueblo.

Cuando uno ve esas experiencias que en Cuba han sido tan normales, en que el cubano ha llegado a encarnar papeles tan desprovistos de humanidad, es cuando nos damos cuenta que no hay país que pueda avanzar cuando el odio sembrado en unos hacia otros ha alcanzado tales proporciones. Muchos se han dejado influenciar y han caído muy bajo moralmente, llegando a tal degradación, que uno se pregunta cómo es posible que el ser humano pueda llegar a ser tan dañino contra sus propios hermanos.

La razón principal de que eso suceda es la falta de Dios, ese recurso que nos permite reflexionar antes de emprender una acción contra otro ser humano y podernos preguntar, ¿Por qué he de hacerle daño? ¿Solo porque no piensa como yo? ¿Qué mal me está haciendo, o a los demás? ¿Por qué tenderle una trampa que va a causarle tanto sufrimiento a su familia? Déjame decirte hermano, que el hombre que tiene voluntad para defender su dignidad no se deja doblegar. Si el hacer este autoanálisis no es capaz de detenerte, o si ni siquiera llegas a hacerlo, sin duda que necesitas ayuda. Esa es una de las razones por lo que la nación está destruida, porque la semilla del odio ha encontrado tierra fértil en el corazón de muchos cubanos y su fruto es solo destrucción. No busques la respuesta en otro lugar, es por ello que inevitablemente tu juicio viene en camino. Después no te lamentes.

Después de cinco décadas ya son muchos los que pisan tierra de exilio que una vez se prestaron para meter gente inocente en la cárcel, solo que llegó el momento en que a ellos también les apretó el zapato y los mordió la misma serpiente que habían ayudado a engordar.  Son muchos los que un día creyeron que el camino que habían escogido era el mejor para llegar a tener una nación en que reinara la justicia y sus ciudadanos tuviesen una vida mejor, pero llegado un momento se dieron cuenta que ese no era el camino. Al final voltearon la espalda y vinieron a unirse a los que según ellos se habían ido por traidores. Me pregunto, ¿Pueden acaso vivir tranquilos y en silencio contemplando cómo continua la destrucción del país y de la cual son en parte responsables?.

Sería triste pensar que no hay nada que hacer y no darse cuenta que aquel que se equivocó tiene la posibilidad de jugar su papel, de reivindicar su pasado. Pensemos que mientras más negativo fue el saldo de su error, mejor aún, porque eso le permitió vivir la experiencia y ver más claramente qué es lo que realmente sirve y qué es lo que hay que desechar en una Cuba futura. Cuando se han vivido las dos caras de la moneda, sin ignorar por supuesto la experiencia vivida en el exilio y de la cual no todo es para imitar, tenemos argumento más que suficiente para saber qué puede ser tomado como bueno en cada uno de los escenarios. Nuestra Cuba necesita que aquellos que un día le hicieron daño no guarden silencio porque ellos también son parte de la solución.

Compatriota, tú eres útil, no permitas que las generaciones que van saliendo sigan cometiendo los mismos errores que tu cometiste sin escuchar tu voz de alerta. Esos que no han llegado aún adonde llegaste tú necesitan conocer sobre tu experiencia. Pon palabras a tu silencio para que al final no se encuentren con tu mismo  fracaso, hazles saber a los más jóvenes que esas promesas que se están creyendo hoy son las mismas que te creíste tú cuando había muchas más posibilidades que se convirtieran en realidad, pero con los que están en el poder nunca se llegarán a alcanzar pues la destrucción del país será cada vez mayor. Nunca es tarde para darle a la vida su verdadero sentido.

Creo que hay tanto poder en un arrepentido como en aquel que siempre fue justo, porque el primero experimenta la realidad de sentirse perdonado, lo que le da un sentido de compromiso mucho más fuerte con el futuro, porque se siente en deuda con él. Hagamos todo lo que esté de nuestra parte porque cesen ya las injusticias en nuestra Cuba. Es tiempo ya que dejen de tener autoridad los que la han ejercido durante tantos años, para que sean otros con un concepto mucho más elevado de lo que es humanidad los que guíen nuestro destino. El cambio no será por la fuerza que se pueda lograr.  

Cito a continuación frases tomadas de una reflexión de Pedro Gaudiano titulada “Buscar la Paz por los Caminos del Perdónen la que incluye palabras de Juan Pablo II quien con un sencillo lenguaje habla del tema:

“Quiero, pues, dirigir con profunda convicción una llamada a todos, para que se busque la paz por los caminos del perdón. Soy plenamente consciente de que el perdón puede parecer contrario a la lógica humana, que obedece con frecuencia a la dinámica de la contestación y de la revancha. Sin embargo, el perdón se inspira en la lógica del amor, de aquel amor que Dios tiene a cada hombre y mujer, a cada pueblo y nación, así como a toda la familia humana. 

El perdón de Dios se convierte también en nuestros corazones en fuente inagotable de perdón en las relaciones entre nosotros, ayudándonos a vivirlas bajo el signo de una verdadera fraternidad.”

El perdón no es una amnesia sagrada que borra el pasado. Por el contrario, es la experiencia sanadora que elimina el resentimiento. Se podrá recordar la ofensa, pero no se revivirá el dolor. La avispa del recuerdo puede volver a volar, pero el perdón le ha arrancado su aguijón.

Todos necesitamos aprender a perdonar y aprender a pedir perdón.

Dedico este artículo a la memoria de Alvaro Alvarez Rodríguez (el tío Alvarito), a sus amigos y a tantos que como él  han sido víctimas de juicios injustos a lo largo ya de medio siglo.


 

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