Martí Como Símbolo de Destierro

Martí como símbolo de destierro.

Si tuviésemos que escoger un término que mejor expresara la experiencia de los cubanos que se han visto forzados a abandonar la isla, sobre todo desde esos primeros años en que se desató una tan férrea persecución contra todo el que se oponía al sistema de los Castro, aunque la persecución como tal no haya terminado aún, creo que ese término sería “destierro”. El destierro de aquel que se fue anhelando el momento en que regresaría una vez que ya no estuviera en el poder el sistema que se había apoderado de nuestra tierra y cuyo gobierno parecía haber adquirido la propiedad de la nación, tomándose el derecho de impedir el regreso a quienes ellos estimaran conveniente.
José Martí

25 de septiembre (Inicio del Calendario)
Año 1879: Martí es deportado a España.

Haciendo referencia al calendario que les presenté días atrás y que comenzó a correr desde el pasado 25 de septiembre, un día como acabamos de ver marcado por el destierro, pero no un destierro cualquiera sino por el de nuestro Apóstol, el hombre más grande de nuestra historia. Fue un 25 de septiembre de 1879 cuando Martí fuera desterrado a España por segunda y última vez, después de ser apresado tras sus encendidos discursos pronunciados en abril del mismo año y por su activa participación en revueltas en contra del dominio español en la isla. Llegó a Santander el 11 de octubre en calidad de prisionero, de donde salió bajo fianza unos días después. No sería hasta pasados quince años que regresaría a Cuba en un intento por liberarla, ofrendando su vida antes que pudiera ver su sueño convertido en realidad. Han transcurrido 135 años desde entonces, pero es ahora esa imagen del apóstol la que vemos a la cabeza del calendario, el que incluye una serie de fechas que deben ir acompañadas por eventos que tendrán lugar en nuestra isla y que serán parte de la historia que espera ser escrita, hechos que nos conducirán a la liberación definitiva de Cuba gracias a la intervención directa de Dios.

Volviendo a nuestro calendario, vemos que partir del 25 de septiembre recorremos un trecho de 61 días hasta llegar a la próxima fecha señalada, el 25 de noviembre, establecido como el día del arrepentimiento y el perdón, el Yom Kippur de los cubanos, donde nos encontraremos de nuevo con Martí, pero esta vez acompañado por otros dos personajes.

25 de Noviembre
1891: Primer encuentro de Martí con una multitud de cubanos en Tampa
1911: Muere en Francia, Pablo Lafargue
1956: Sale de Tuxpán rumbo a Cuba el yate Granma.

Fue en horas de la noche del 25 de noviembre de 1891 que Martí arribó en su primer viaje histórico a Tampa para encontrarse con cientos de exiliados que se congregaron para escuchar a aquel cubano sencillo que cautivaba con su cálida palabra y que tanto prestigio había ganado entre otros patriotas que se encontraban entonces en Norteamérica. Ese fue su primer encuentro con compatriotas ansiosos de ver libre nuestra tierra. Al siguiente día pronunció su conocido discurso “Con todos y para el bien de todos”, discurso lleno de patriotismo y devoción por la causa de la libertad de Cuba.

Como había mencionado en previos comentarios referente al calendario, el 25 de noviembre era la fecha identificada por Dios como el día en que se había decidido sembrar la semilla de la destrucción en nuestra isla, representado por la salida del yate Granma desde México rumbo a Cuba, fecha a 61 días del inicio del calendario, representando esos 61 días los años transcurridos desde la concepción de dicha semilla (año 1953, Asalto al Moncada) hasta el presente 2014, hecho éste que nos identifica al segundo de los personajes, Fidel Castro.

Nuestro tercer personaje es un individuo apenas conocido para los cubanos, Pablo (Paul) Lafargue, nacido en Santiago de Cuba el 15 de enero de 1841 de padre francés y madre antillana, quien se trasladara a Europa con su familia cercano ya a sus diez años. Cubano por nacimiento, pero al que la revolución al parecer no hizo mucho por dar a conocer, al menos durante las dos primeras décadas en que viví en Cuba, teniendo en cuenta que había llegado a convertirse en yerno de Carlos Marx al contraer matrimonio con Laura, su segunda hija, lo que es de suponer que fuera motivo de orgullo para el gobierno cubano al ser Cuba el único país de América con tal privilegio. Lafargue fue uno de los más influyentes exponentes de la obra de Marx, sin contar su extensa obra personal sobre marxismo. Su trabajo como líder fue clave en la fundación de los partidos comunistas de Francia y España.

El hecho de que este personaje haya sido mantenido tan a la sombra puede que responda a que a la edad de 70 años y de mutuo acuerdo decidiera suicidarse junto a su esposa, algo imperdonable para un comunista de su talla de quien se espera que mientras tenga aliento de vida se mantenga firme proclamando el mensaje salvador del proletariado. No se hace mención a problemas de salud que justificaran el tomar tal decisión. Este final de Lafargue fue duramente criticado por Lenin, quien contaba a la sazón unos 40 años y quien despidiera el duelo de la pareja. Datos históricos con origen en Europa consideran su muerte el 26 de noviembre, muerte por envenenamiento ocurrida entre la medianoche y las seis de la mañana del día 26, que para la diferencia de horario lo sitúa en las efemérides cubanas como ocurrido en las últimas horas del 25 de noviembre.

Se conoce que fue una pareja muy unida pero desafortunadamente no pudieron ver crecer a ninguno de sus tres hijos quienes murieron todos recién nacidos. Lafargue fue un ateo confeso, hecho que pudo encontrar su origen en los abusos de la iglesia de la época y en la clase burguesa a la que pertenecían la mayoría de los creyentes considerados como los explotadores. Esta realidad contrasta mucho con la experiencia de Martí quien habiendo nacido solo 12 años después, prueba de que gozaron de conciencia de adulto durante la misma época, y sin embargo el concepto que tenía el apóstol de Dios mostró siempre una solides tal que no dejaba lugar para la duda en cuanto a su creencia, cuando la iglesia y la burguesía jugaban el mismo papel.

He aquí algunas de las frases de Martí que nos confirman su creencia en Dios:

“Cristo fue un hombre admirable”
“Cuan desventurados son los pueblos cuando matan a Dios”
“Negar lo espiritual es como negar que el sol da luz”
“Todo pueblo necesita ser religioso, no solo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo”
“Todas las grandes ideas tienen su gran Nazareno”
“Un pueblo irreligioso morirá porque nada en él alimenta la virtud.
Las injusticias humanas disgustan de ellas, es necesario que la justicia celestial las garantice”
“La idea de Dios es la más grande de todas las ideas”

En estas palabras que reflejan el pensamiento del apóstol encontramos argumento más que suficiente para identificar en él a un patriota que establece una marcada diferencia con el resto de los patriotas de nuestra historia, razón que puede haber sido clave en que se le haya reconocido como el apóstol de Cuba, pensamiento opuesto por completo al que encontramos en la persona de Lafargue, caracterizado por su irreligiosidad, quien declaraba abiertamente su ateísmo cada vez que se le presentaba la ocasión. Él creía que cuando los medios sociales de producción privada pasaran a manos del proletariado la idea de Dios desaparecería por completo, lo que llegó a convertirse para él en una especie de pronóstico. Es una lástima que no haya esperado más tiempo con la esperanza de ver su cumplimiento.

Es muy significativo que en todo lo que he investigado no se encuentre que Martí hiciera referencia alguna a Lafargue, tratándose éste de un personaje tan ligado a Cuba por su origen, además de destacado en la época por su cercanía a Carlos Marx y por su obra personal, con la que Martí pudo haber discrepado, decidiendo quizás no cuestionar por respeto por tratarse de otro cubano. Lafargue no fue atraído por el movimiento insurreccional cubano pues era de los que consideraba que una protesta callejera en Francia merecía más atención que la liberación de cualquier nación antillana, incluso de la que lo había visto nacer.

Lafargue no pudo comprender que la existencia de Dios estaba mucho más ligada al ser humano que el efecto que las diferencias establecidas por un determinado sistema socioeconómico pudiera ejercer sobre él, simplemente porque Dios era parte de la propia naturaleza humana. ¿Sería la mala suerte la que impidió que no pudiesen dejar descendencia al perder a sus tres hijos o a la forma en que tantas veces y desconociendo sus consecuencias se habrá maldecido a si mismo negando su verdadera naturaleza? No se puede asegurar, pero tampoco pasar por alto.

Ningún otro individuo nacido en América llegó tan cerca del creador de esa ideología que cambió el destino de nuestra nación, más que cerca ligaron su sangre, pero sin dejar fruto. Poner fin a una vida con el suicidio a una edad en la que aún había tarea que hacer, sobre todo por el hecho de dejar constancia para futuras generaciones de aquella experiencia que se estaba viviendo en los caminos del comunismo. Creo que para quien esperaba grandes cosas de aquello por lo que había luchado durante tantos años no parece lógico que tomara tal decisión.

Si miramos a estos dos personajes como los símbolos que encarnan para esa fecha 25 de noviembre, Martí representa al hombre creyente, quien después de haber sido desterrado aparece de nuevo en el escenario protagonizando los hechos del tiempo en que comenzaba a reunir a los cubanos en el exilio, como si ahora volviese cabalgando a la cabeza de un ejército celestial aunando esfuerzos nuevamente, pero esta vez como parte de un plan diseñado por Dios destinado a lograr la liberación definitiva de nuestra tierra.
Lafargue por su parte, defensor de una ideología completamente atea, nos aparece en este día protagonizando el hecho que le pone fin  a su vida, todo lo contrario a Martí. Representa al que se da por vencido antes de esperar para así ver madurar el fruto de aquello por lo que tanto había luchado, alguien que pasó por el mundo con el dolor de ver desvanecerse ante sus ojos la semilla que en tres ocasiones intentó sembrar. La suya es una experiencia triste que llama a compasión pero que inevitablemente no deja ver sino la imagen del derrotado.

Sería difícil sino imposible encontrar dos personajes de tendencias tan diametralmente opuestas en la misma época y ligados a la historia de una misma nación, unidos a su vez a un tercer personaje, Fidel Castro, quien aparece en el escenario colocando a Martí entre los líderes vencedores del ataque al Moncada e identificándolo como el autor intelectual de ese hecho clave en el triunfo de la revolución y que representa para Dios la concepción de la semilla de la destrucción. Es evidente que alguien como Lafargue sí hubiera sido un buen candidato para ocupar esa posición, pero nunca el Apóstol cuyo pensamiento de seguro que habría conducido a la nación por un camino muy diferente al que tomó. Sin duda que el tomarlo como bandera fue un buen recurso para lograr una mayor aceptación por parte del pueblo. El concebir a la persona de Martí en ese rol protagónico que se le concedió póstumamente representaba la negación de su verdadera identidad.

Es sumamente difícil predecir lo que en su soberanía Dios decida hacer en un momento determinado. Yo mismo que me veo metido en todo esto, día a día voy descubriendo realidades que un tiempo atrás no las hubiera concebido, pero ahora que las veo las acepto creyendo que se pueden manifestar. El tiempo nos confirmará si la realidad es que todos estamos aquí para aprender y para conocer a Dios de la forma en que quiere ser conocido, y no solo por aquellos que no le conozcan aún, sino por quienes confesando conocerle durante toda una vida, tienen su mente condicionada a determinados patrones que Dios en su soberanía no tiene por qué respetar, razón por la cual podremos llevarnos muy grandes sorpresas.

Hechos de la naturaleza y magnitud como los que se esperan no se han presenciado antes en la historia moderna, por lo que no tenemos antecedentes para sacar conclusiones, y de la forma en que se nos ha enseñado religión, las cosas de Dios y de la Patria han marchado siempre por caminos muy distantes, aún cuando los involucrados en los conflictos sean creyentes que se encomiendan a Dios confiando en su protección, pero son ellos los que toman las decisiones. El que no hayamos presenciado antes hechos en que nuestros patriotas, o el poder de su espíritu, sean parte de un plan de liberación por parte de Dios, individuos que sabemos sin duda fueron creyentes confesos, no quiere decir que no se pueda manifestar en nuestro futuro cercano. Al menos esa es la realidad que parece estarse manifestando.

Comentarios

  1. Aymee Fuentes says:

    Como siempre disfruto mucho de la lectura de tus artículos…..Deberías escribir uno todos los días, como si fuera un periódico, sería mucho pedir pero me encantaría…..un beso

    • Pedro Estopinan says:

      Por conocerte como te conozco estoy seguro que todo lo que llega a ti y que disfrutas no reparas en compartirlo con aquellos a quienes aprecias. Otro beso.

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