El Partido Independiente de Color en la Historia de Cuba

Partido Independiente de Color
Partido fundado en la Ciudad de La Habana, en el número 63 de la Calle Amargura, el 7 de agosto de 1908. Cumpliendo ya su 107 aniversario, fue el primer partido político creado en el siglo XX que representó a una comunidad negra en este hemisferio. Su fundador fue Evaristo Estenoz Corominas, veterano luchador del Ejército Libertador. El partido tenía como proclama principal la idea de nuestro Apóstol José Martí,  la de tener “una república con todos y para el bien de todos”. 

El propósito de su creación fue el de ayudar a este discriminado grupo de la población cubana a ocupar un lugar digno en la sociedad, lo que sin duda merecían, y así integrarse en igualdad de derechos en la vida social y política de la Cuba en aquella primera década como república recién establecida. Dicho partido estaba formado por negros y mulatos veteranos de la guerra de independencia, teniendo en cuenta que gracias a la participación decisiva de este grupo en la guerra es que Cuba pudo alcanzar su liberación del dominio español.

Evaristo Estenoz Corominas

Evaristo Estenoz Corominas

Fue muy fuerte la oposición que este partido enfrentó durante su corta existencia, cuya suerte fue echada cuando el 20 de mayo de 1912 decidieron levantarse en armas con la esperanza de lograr lo que por vías pacíficas les había resultado imposible. Triste y muy lamentable final el que quedó grabado en nuestra historia como “La Guerrita del 1912”. El llamado al levantamiento armado decretado por el Partido Independiente de Color tuvo como respuesta una brutal ofensiva por parte de las fuerzas del gobierno del entonces presidente José Miguel Gómez, lo que provocó una masacre de grandes proporciones, matanza indiscriminada que según estudios más recientes puede haber superado la cantidad de 10 mil muertos, cifra que se estimó inicialmente por unos 2 mil según los reportes del propio gobierno, a quien por supuesto no le convenía que se manejara un número tan elevado que evidenciara la magnitud que había alcanzado la carnicería.

Cualesquiera que hayan sido los argumentos del gobierno para justificar tal atrocidad, el que solo se hayan contado doce bajas por parte de sus tropas, demuestra el carácter de matanza que tuvo la acción. Sin duda que fueron un gran número de familias negras las que se vieron privadas de su principal apoyo, ya que fueron hombres las víctimas de aquella cacería.

Ante un hecho de tal naturaleza creo que es válido cuestionarse, ¿qué actitud habrá asumido la población en general, sobre todo los cubanos blancos, ante aquel crimen perpetrado por el gobierno? ¿Lo habrán dejado pasar de manera impasible? No se si será pregunta ya formulada en algún foro de opiniones, si es que existe alguno respecto a este tema, pero en lo que he leído hasta ahora no lo he podido encontrar, sería bueno considerarlo.

Llama mucho la atención que medio siglo después de esta lamentable página de nuestra historia el pueblo cubano haya comenzado a sufrir los embates de una severa tormenta cuyos vientos no han dejado aún de soplar, tormenta que una vez desatada arrasó con muchos, y la que ese grupo de hermanos de piel oscura también tuvo que enfrentar, con la ventaja podríamos decir de que ellos habían venido soportando tormentas durante toda la vida, desde sus ancestros, estaban acostumbrados a soportar tormentas; fueron los cubanos blancos los que recibieron el impacto mayor de ese huracán. Hasta ese momento los negros habían sido el símbolo más visible de los desposeídos, aunque no los únicos, realidad que al parecer no le quitaba el sueño a muchos blancos, pero de buenas a primeras nos encontramos con que todos fueron desposeídos, y para la época, tratados como los nuevos esclavos.

¿Por qué habrán sucedido así las cosas? ¿Dónde estará la explicación a esta pesadilla? Ya sé que no debería extrañarme porque lo que ha sucedido en Cuba es lo que sucede dondequiera que llega el comunismo, pero creo válido analizar la situación desde otros ángulos para ver si se descubre un argumento nuevo que permita ver un poco más allá de lo que hasta ahora se haya podido descubrir. Pienso a veces si es mi patrón de creencias el que no es lo suficientemente amplio como para ver clara la respuesta, la que sin duda existe, pero es necesario encontrarla. Intento poder llegar a una conclusión sobre esa realidad que hemos vivido los cubanos, y en ese escudriñar en nuestro pasado pareciera como si los que venimos de españoles, como grupo en sí, nunca llegamos a interiorizar lo que la condición de esclavo, con todo el sufrimiento que encierra, representaba para esa pobre gente. Me parece que nuestra compasión como grupo nunca llegó a hacerse visible para ellos, aunque quiero pensar que uno que otro debe haberla manifestado, pero no fue nada que llegara a hacer un impacto positivo en la vida de este sufrido grupo.

Mucho más reciente aún, y a modo de ejemplo para ver si se entiende a qué me refiero, tenemos la posibilidad que años atrás se presentó para tantos descendientes de españoles con la aprobación de la Ley de Memoria Histórica por parte de España, cuando ese pariente del que la mayoría ni había reparado en su existencia vino a convertirse en el salvador de familias enteras, blancas por supuesto. De buenas a primeras para todos representaba mucho ese apellido que establecía la conexión con un pasado que resucitaba anunciando un futuro venturoso para tantos desdichados, una puerta que se abría cuando nadie pudo jamás imaginar. Fue una locura lo que se armó entre todos los que vieron esa posibilidad de aliviar o poner fin a su difícil situación, de escapar de una realidad que los ahogaba en desesperanza cuando eran muy pocas o ninguna las posibilidades que tenían para salir del país. Sin embargo, cuántos se habrán detenido a pensar en aquel amigo o vecino negro, quien llevando incluso el mismo apellido, impuesto cuando les forzaban a aceptar una fe en un Dios de amor en un acto de bautismo, aceptar compartir un credo con quienes tanto les habían hecho sufrir. Triste realidad. Pero para estos pobres no había ley de memoria histórica que les beneficiara, cuando habían sido los más perjudicados, mientras contemplaban a los blancos haciendo planes para el futuro. ¿Y ellos qué? ¿Dónde estaba para ellos la esperanza? Y ha sido algo muy normal, pero también es una prueba de que aún no se ha creado en el resto de los cubanos la conciencia de lo que ha representado la condición de desventaja de este grupo.

Es por eso que me da por pensar que lo que vino después, esa feroz tormenta, no parece ser fruto de la casualidad o el capricho de ningún espíritu maléfico, ni tampoco un castigo, sino más bien algo que en cierta forma hasta fue necesario para balancear la conciencia espiritual de la nación, para que los cubanos blancos pudieran experimentar lo que es sentirse esclavo, aún sintiéndose inocentes; maltratados injustamente, desposeídos, pues solo así se podría llegar a comprender por lo que esta gente había sufrido durante su larga esclavitud. Por duro que parezca no veo otra forma de interpretarlo. ¿Pero cuándo comprenderlo? Simplemente cuando meditáramos en ello, pues de no hacerlo, el injusto sufrimiento de los nuestros sería el centro de todo, sería lo único que importara. Un sufrimiento aislado en la historia ante el cual, de qué le habría servido a los creyente creer tener en un Dios Todopoderoso por padre, como confesamos tener, pero que no fue capaz de liberarnos de semejante tormenta. ¿Para qué quiero un padre así si no es capaz de protegerme? Y además, un padre que liberó a unos de la muerte, pero a otros no, pues la realidad es que no todas las familias cubanas sufrieron en igual medida. ¿Era acaso un Dios con hijos predilectos? Una cosa sí tocó a todos por igual y es el haber sido despojados de lo material, pero no todos perdieron la vida, que es otro detalle a tener en cuenta. Y aquí es donde me da por pensar que Dios no tiene mucho que ver en todo esto, aunque no por ello voy a negar su existencia, sino que es algo muy nuestro de los seres humanos y que depende solo de la naturaleza de nuestros actos, de nuestros sentimientos, de la forma en que manifestemos amor, odio, y a veces hasta peor que el odio, la indiferencia, hacia los menos favorecidos. Somos nosotros mismos los que con nuestros actos decidimos si el peso de la rueda del tiempo llegue a aplastarnos en un momento determinado de nuestra vida, o de nuestra propia cadena generacional.

Ojalá, y aunque sé que no es nada fácil, pues serán muchas las sensibilidades que estarán siendo heridas, pero es menester meditar en esta realidad nuestra. Que la ira no bloquee vuestros sentidos. Sé que el escuchar que el sufrimiento de un inocente pueda considerarse justificado y no apretar los puños con rabia es la misma cosa, recordando cada uno a sus muertos víctimas de esa dictadura, muchos de los cuales tuvieron que quedar atrás en una prisión y nunca más los volvieron a ver. ¿Piensa alguno acaso que es algo que ignoro y que se puede tomar tan a la ligera, que no hay consideración ni respeto alguno hacia quienes tanto han sufrido?  .. por supuesto que no, pues no es tan fácil la cosa. Si pidiésemos a Dios un poco más de luz a nuestro entendimiento sin permitir que la carga de sufrimiento nos impida razonar debidamente, podríamos preguntarnos entonces, ¿y de qué eran culpables los tantos negros que fueron víctimas de nuestros ancestros españoles?, aquellas indefensas criaturas que no más de enfilar rumbo a la tierra que los recibiría como esclavos, barcos atestados de almas desgarradas, el enfrentar en alta mar la inspección de un buque inglés encargado de revisar el número de pasajeros a bordo, ya era razón más que suficiente para que tiraran al mar los que excedían la cantidad que estaban autorizados a cargar. ¿Quién leyó alguna vez en la historia que se hiciera justicia ante tamaña inhumanidad? ¿Le interesó a alguien si tenía nombre o q qué familia pertenecía? Eso no importaba, eran solo un número, y aquello era normal que pasara. No era más que el principio del calvario que les esperaba. Muchos de esos infelices, al enfrentar lo que vino después, quizás hubiesen deseado haber corrido la suerte de los echados al mar pues así se hubiesen librado de tanto sufrimiento. No fueron otros que nuestros ancestros blancos, nuestros propios parientes, los que perpetraron esos denigrantes actos, quienes si no pagaron en vida por semejantes fechorías, quién sabe al sufrimiento a que estaban condenando a sus generaciones futuras, inocentes a los ojos de todos, como resultado de leyes que existen en el universo y que se manifiestan a pesar de que no tengamos conocimiento de su existencia.

Fue la esclavitud la que permitió a tantos de nuestros antepasados amasar las fortunas que llegaron a poseer, la que contribuyó a la forma en que crecía el poderío económico de la nación. ¿Puede alguien asegurar que ese pasado oscuro no tiene nada que ver con lo que sobrevino con el pasar de los años? Eso es lo que creo que tenemos que analizar muy seriamente. Por supuesto que han transcurrido siglos desde ese principio, pero eso no es razón suficiente para restarle valor al sufrimiento de este grupo de gente inocente, víctimas hasta de los suyos propios que los vendían a los traficantes. El color de su piel los condenaba, pero aunque fueron tratados como animales, eran seres humanos.

La matanza del 1912 fue quizás lo último más horrendo conocido en relación con la discriminación de los negros en Cuba. Discriminación que hasta el día de hoy, por mucho que se diga que la revolución acabó con ella, no es esa la realidad. Ahí esta latente aunque no se hable de ello abiertamente, pero es algo que es preciso resolver, o entender, antes de pensar en un futuro mejor para Cuba. No es nada imposible, todo depende como Dios disponga el escenario y en el papel que como actores decidamos encarnar. Ahora sí inmiscuyo a Dios en la resolución del problema. No lo tuve en cuenta mientras veía que las experiencias vividas podían considerarse como generadas por nuestras propias acciones como humanos, pero una vez que nos damos cuenta que los golpes que hemos recibido a lo largo de décadas han hecho que todos los involucrados hayan experimentado un cierto grado de sufrimiento, es entonces que podemos empezar a considerar que la tormenta puede terminar, pues ya no hay razón para que continúe. Ahí es donde creo que esa fuerza superior, ese Dios Todopoderoso, interviene entonces poniendo fin al sufrimiento, haciendo cesar la tormenta, porque de una forma u otra  todos los que era menester habrían sido tocados por un determinado grado de sufrimiento.

Por supuesto que un cambio en nuestro nivel de conciencia nos permite ver cualquier situación desde otro punto de vista, darnos cuenta de algo que antes no veíamos y hasta cierto punto encontrarle sentido a lo que antes no tenía, motivado más que nada por la carencia de argumentos. Como algo que ha sido visible durante los años de comunismo en Cuba, es bien conocido para todos la escasa presencia de cubanos negros y mulatos en puestos de autoridad del gobierno, una contradicción para lo tanto que siempre proclamó el gobierno el fin de la discriminación, hubiera sido una forma de manifestar que ya no existía. Para haber sido consecuentes debiera ser mucho mayor el número de ellos en el comité central y en la asamblea nacional, pero no es así.

Imaginemos que si en vez de ser como ha sido la realidad cubana, hubiera sido mucho mayor la cantidad de miembros de la raza negra en puestos claves del gobierno, pero que el pueblo de Cuba hubiera sido azotado de la forma en que ha sido. Me pregunto, ¿habrían visto las víctimas del gobierno de Castro la realidad que enfrentaban desde la misma perspectiva? ¿No les habría pasado por la mente la idea de …..ahora sí que se puso la cosa mala pues ahora tienen ellos mayoría en el poder, ahora se van a desquitar por todo lo que los blancos les hicieron sufrir durante tantos años.….     Cuando empezaron a quitar las tierras, al que tenía más de una casa le dejaron una sola, y cuando podían irse del país dejando esa única que les quedaba metían entonces a los de su gente cuya mayoría vivían en la miseria. Creo que la inmensa mayoría ni se hubiera enfocado en que estaban siendo víctimas del comunismo, sino más bien que se estaban escudando en el término comunismo como pretexto para hacer lo que estaba haciendo, cometer las atrocidades que cometieron, que al final no era más que desquitarse de lo tanto que habían sufrido durante siglos. Una misma realidad pero contemplada desde un ángulo completamente diferente.

En lo referente a la historia imagino que cada cubano fuera un licenciado en la materia. En estos momentos no hiciera ni falta mencionar este tema de los independientes de color, ajeno a la inmensa mayoría, porque todo el mundo lo supiera. Se habría convertido en una necesidad el saber con detalle todo lo que habían sufrido quienes por vez primera tenían acceso al poder, para así tener una idea de qué método de tortura faltaba aún por aplicar y del cual ellos, o sus ancestros, habían sido víctimas. Nuestra realidad es que estas cosas de la historia de Cuba son muy contados a los que les interesa, ignorando que es en ellas que se esconden los motivos por los cuales nuestra nación ha sufrido lo que ha sufrido, y junto a ella sus hijos.

Creo que tengan ya una idea más clara del cuadro, de una realidad que no ha cambiado, solo que es mirada desde otra perspectiva. Y aquí es cuando digo, gracias a Dios que el gobierno de Castro le dio tan poca participación a los negros cubanos en posiciones de poder, pues solo así es que el cubano blanco no pudo desarrollar en si la conciencia del odio hacia el negro, pues hubiera sido una continua generación de odio, un cáncer que hubiese destruido nuestra nación desde sus mismas entrañas. Una cosa era el rechazo remanente de la discriminación que pudiera quedar dada la recia cultura de esclavitud que existió en nuestra nación, pero el que hubiese nacido el odio fruto de la revancha, del ajuste de cuentas, eso sí que hubiera sido fatal para Cuba. Gracias a Dios que no fue así.

La historia nos ha demostrado que el negro cubano es bueno, como puedan ser buenos en cualquier otro país, pero me refiero a los nuestros. Después de haber sufrido lo que sufrieron sus antepasados, nunca han mirado ni tratado a los blancos como los descendientes de quienes tanto les hicieron sufrir, pues no son rencorosos, todo lo contrario, son nobles, predomina en ellos la humildad y la sencillez. Si en algún momento de la historia mostraron una imagen diferente, antes de juzgarlos sería bueno intentar meterse en su pellejo para sentir lo que cualquiera de ellos pudo sentir, hombres y mujeres de una raza que fueron tratados como animales. Más que buenos son cuando a estas alturas hay tantos de ellos, mujeres sobre todo, saliendo a las calles a soportar vejaciones, luchando todavía porque Cuba sea libre, por una Cuba de blancos y negros, pero mirando tristemente como aún hay blancos que los repudian y los humillan, aunque es penoso que entre los que repudian haya negros también. Cuándo cesará ya el gobierno de continuar incitando a ese odio entre hermanos que tanto daño ha hecho a la nación. Si pudieran comprender que el hecho de ser parte de algo que puede verse como un mecanismo para restablecer la armonía que una vez se perdió, no les va a liberar de la justicia merecida por todo el daño que han causado.

Pienso que quizás tenía razón aquel ayudante negro del General de Brigada Carlos María de Rojas, patriota cardenense en tiempos de la guerra de independencia, cuando le decía, más o menos así, cuando lo aconsejaba: “patrón, no olvide que en cuestiones de guerra los negros somos más astutos que los blancos”. Si estos hermanos están dando hoy la cara por la libertad de Cuba es porque están seguros de que la esclavitud no ha terminado, solo que en las últimas décadas ha sido una esclavitud compartida.

Pienso que el sufrimiento del pueblo cubano ya ha sido suficiente. Como si todos hubiesen sufrido lo que era necesario sufrir para aprender lo que era necesario aprender, para que todos seamos capaces de, mirando la realidad desde una perspectiva diferente, encontrarle sentido a lo que hemos vivido a la vez que en cada corazón encontramos lo genuino del ser humano, para que elevado a lo más alto, podamos vivir todos como hermanos sin que el color de la piel  sea un detalle en que sea menester reparar, en que cada uno vele por lo del otro como si fuese propio y donde cualquier temor ya se haya enterrado junto con todo ese pasado compartido de sufrimientos. De ser así habría que reconocer que los Castro no han estado ahí por accidente, que aunque parezca siniestro han jugado su papel, el de justicieros, no de justicia impuesta sino tristemente merecida como parte de una maldición generacional, pero que llegado un momento ya tiene que terminar, sin que ello represente que los perpetradores de esas injusticias sean considerados inocentes. Las deudas no se pagan eternamente, llega el momento en que son saldadas, y de las nuestras con el pasado me animo a pensar que ya no estamos debiendo nada.

Este artículo va dedicado a las víctimas de esa triste página de nuestra historia que cobró la vida de tantos infelices; de los veinte miembros dirigentes del partido que aparecen en la foto ni uno solo quedó para contarlo. Esa sangre que fue derramada en nuestra tierra sirvió también, junto a la de otros que ya habían ofrendado sus vidas, para regar la semilla de la futura libertad, pero no llegaría a dar fruto hasta que el escenario no fuera favorable a todos por igual, para lo cual quedaba aún un largo trecho por recorrer en el camino del dolor. Dios mediante creo que estamos llegando al final.

 

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