Hablemos Claro – José Ignacio Rivero

por José Ignacio Rivero, director del Diario de la Marina
29 de Septiembre de 1959

Screen Shot 2015-09-28 at 5.45.53 PMTranscripción completa de la respuesta que el 29 de septiembre de 1959 diera el Sr José Ignacio Rivero, director del Diario de la Marina, al Sr. Fidel Castro, referente a comentarios hechos por este último que fueron considerados ofensivos. Palabras que no son sino el reflejo de una visión profética del futuro que se cernía sobre Cuba.

HABLEMOS CLARO

Estamos ya muy cansados de tanta amenaza, tanta intolerancia y de tantas acusaciones gratuitas e injustas.

En una época como esta en que tanto desean nuestros gobernantes que se sepa bien que en Cuba hay verdadero respeto por la libertad de expresión, estas actitudes no se conciben. Para que se respete la libertad que tiene cada cual de expresarse lo primero que hace falta es rebatir los argumentos contrarios con serenidad y elevación y nunca con provocaciones, insidiosas amenazas, calumnias y mucho menos coacciones.

Se me ha preguntado en varias ocasiones si a mi juicio en Cuba se puede opinar con entera libertad. No hace muchos días recibimos una llamada del periódico Miami Herald para entrevistarnos por teléfono sobre ese mismo tema.

Íbamos a contestar no por larga distancia, sino por correo al periódico norteamericano, pero, pensándolo bien, no lo vamos a hacer. No por descorteses, sino porque teniendo nosotros un periódico donde expresarnos, no vemos la necesidad de hacerlo en ningún otro vehículo ni de dentro ni de fuera de Cuba. Somos cubanos y lo que tengamos que decir lo diremos siempre aquí y no fuera de aquí, a no ser que no nos quedase otro remedio.

Y como somos, además, periodistas que no tienen ni tendrán otra cosa, óigalo bien Dr. Castro, como lo oímos nosotros a usted anoche, que su aval de crédito, prestigio y honradez – cosas que no se logran con la improvisación y la demagogia- no conocemos de claudicaciones, ni pensamos una cosa por detrás para luego decir otra por delante, como por desgracia hacen hoy tantos y tantos que no tienen el suficiente civismo de decir honradamente lo que piensan, lo mismo por delante que por detrás.

Suponemos que todo el mundo a estas horas se haya dado cuenta de que lo que hemos tenido que decir no solo lo hemos dicho, sino que lo hemos dicho muy claro, aunque algunas veces las circunstancias no nos hayan acompañado en el deseo de hablar aun mas claro. Y suponemos, también, que todo el mundo supondrá que seguiremos diciendo lo que tengamos que decir con toda claridad, si Dios y la libertad de prensa tan cacareada nos lo permite.

Vamos de una vez, con toda claridad, y por delante, a decir lo que tenemos que decir sobre la libertad de prensa, para que se enteren todos aquellos, que no saben llegar a conclusiones por los hechos sino solo por las afirmaciones tan a la ligera y que quieren conocer de nuestros labios lo que pensamos sobre esta cuestión.

En Cuba existe hoy libertad de prensa. El que diga lo contrario, estaría tapando el sol con un dedo. Y aunque está de moda en la actualidad el virarles las espaldas a la realidad, nosotros no somos de los que, por capricho, u ofuscamiento, adoptan esa posición. La verdad la decimos siempre, sin intrigas ni servilismos.

Si no hubiese libertad de prensa ¿cree alguien que hubiéramos podido decir las cosas que hemos dicho, y seguir diciéndolas?

Hay libertad de prensa. Pero una libertad muy especial. No hay censores en los periódicos, ni el gobierno nos envía censores, ni nosotros censuramos al gobierno en sus informaciones. Pero…..debía saber, a estas horas, que existen dos tremendos y vergonzosos fenómenos que dañan singularmente a la libertad de expresión en nuestro país. Hablemos claro y no andemos con rodeos. Uno es el de las figuras públicas que en su casa y en privado dicen una cosa y en la calle o en la tribuna se expresan de otro modo. Eso no se llama libertad de expresión, sino temor y adulación. Temor a la critica y a la orientación sana y juiciosa y adulación por conveniencia y oportunismo.

El otro es el de los que quieren ser mas papistas que el Papa – culpables del anterior fenómeno -, pretendiendo acallar toda voz que apunte una crítica, una observación o una idea distinta. Estos, cada vez que alguien manifiesta su opinión contraria sobre cualquier punto relacionado con la vida nacional, en lugar de rebatir sus juicios en el terreno de las ideas y de la argumentación elevada, lo censuran acremente en el plano de la provocación, insidia y coacción, colocando al adversario en ideas ante la opinión publica en una situación muy embarazosa, porque se ha llevado a la mente del pueblo que todo el que discrepa es un ente indeseable.

Por eso es que dentro y fuera de Cuba son pocos los que creen que aquí existe una completa y amplia libertad de pensamiento. Para respetar los derechos humanos y libertades esenciales del hombre y de la sociedad no basta con hacer alardes sobre “derechos” y “libertades”. Hay que demostrarlos con hechos y actitudes diáfanas y positivas, no induciendo al publico a que piense que el que discrepa es un reaccionario, un enemigo de la patria o un sinvergüenza.

Hablemos claroA la prensa, para que sea totalmente libre, hay que dejarla que se manifieste siempre sin la amenaza de la injuria, de la calumnia, del vituperio y de la difamación, tan corrientes hoy en Cuba por culpa de los que tergiversan las cosas maquiavélicamente incitando al publico cuando están perdidos en el debate de las ideas.

Cuando existe de por medio eso, la libertad a plenitud se convierte en libertinaje, o en una libertad muy poco deseable y peor entendida.

Cuando uno quiere que la libertad se base en que todos piensen solo de una misma manera y en que todos vivan sometidos “en todo” a su propio molde, esa libertad deja de serlo para convertirse en simple desvanecimiento, en una forma caricaturesca de la libertad. Cuantas veces en el mundo se ha pretendido que no haya más que un solo pensamiento, una sola palabra, una sola voluntad, las consecuencias no han sido otras que la destrucción de los bienes supremos conquistados por el hombre a través de los siglos.

La libertad de expresión es como el jardín de una casa que es la República. Antes del primero de enero este jardín tenia un cartel a su puerta que decía: “Prohibido la entrada”. Hoy en esta revuelta casa nuestra no tenemos ese cartel en nuestro enyerbado jardín. Tenemos otro que reza así: “Se puede pasar, pero “cuidado que hay perros”.

La entrada es libre, no cabe duda. Pero son pocos los osados que se atreven a entrar con semejante cartelito. No se puede disfrutar sosegadamente a plenitud de ese hermoso jardín de la libertad de expresión.

Cuando no se siga confundiendo la sana crítica periodística con la mala fe, cuando los verdaderos “incitadores de oficio” se serenen y dejen a un lado sus amenazas y bravuconadas, cuando se dediquen a construir en grande, y no a destruir en mayor escala, haciendo crítica elevada y consciente; cuando no se amenace a nadie de contrarrevolucionario o de anticubano cuando se discrepa, cuando veamos que se cesa en el afán de “totalitarizar” la mentalidad de la ciudadanía queriendo encuadrarla dentro de una sola idea; y cuando veamos a todos expresándose con claridad, honradez y sin temor, entonces creeremos que no solo se estará haciendo “patria de nuestra tierra y no tierra de nuestra patria”, como dijimos una vez, sino que también tendremos una plena libertad de expresión.

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