Sé Parte de tu Propio Milagro

Hombre ciego

¿Podremos nosotros mismos provocar un milagro?

Paris, abril de 1983.
Poco después de quedarme sin trabajo por creer que Dios me estaba haciendo un llamado para hacer algo relacionado con Cuba, cogí trescientos francos del dinero que había reunido hasta ese momento y los guardé aparte en un sobre, cantidad con la que podía cubrir dos meses de alquiler del cuarto que ocupaba con el otro cubano y que pagábamos a la mitad. Lo hice por si llegaba a verme apretado de dinero saber que tenía dos meses de alquiler seguros, y mientras tanto iría viviendo del resto de mis ahorros. No me daba por vencido tratando de encontrar trabajo por la izquierda pues todos los días salía recorriendo calles y calles buscando por todas partes las ofertas de empleo que anunciaban en casi todos los comercios, pero no aparecía nada por ningún lugar. Ahorraba lo más que podía pero era evidente que de donde se saca y no se echa llega el momento en que se agota, y estaba convencido que a ningún conocido iría a pedirle ayuda si me llegaba a ver apretado porque cualquiera podía decirme, ¿no estás así porque Dios te llamó? Pues que te ayude
ÉL. Y en realidad estaban en su derecho después que por voluntad propia había abandonado mi trabajo, nadie me había obligadoAunque por pena o por compromiso me ayudaran, era yo el que no tenía cara para pedir ayuda. Y pienso que mi compañero de cuarto estaría asustado porque aunque yo no mencionaba nada sobre cuanto me quedaba en cualquier momento se podía ver en tremendo compromiso. [Leer Más…]

El Día Que se Llevaron a Elián Gonzalez Para Cuba

Hoy es Viernes Santo, como lo era también aquel 21 de abril del año 2000, cuando desde temprano mi esposa y yo habíamos decidido que esa noche iríamos a unirnos al grupo que todos los días se reunía en las cercanías de la casa de la familia del niño Elián Gonzalez en el noroeste de Miami. Desde finales de noviembre que habían rescatado al niño esa era la noticia que más ocupaba todos los medios.

Ya habíamos ido en otras ocasiones, pero aquel día precisamente, y a modo de oración, había estado repitiendo en mi mente los versos del Salmo 23. Mientras lo hacía iba pensando en Cuba y en las tantas tragedias que se habían enfrentado en el pasado y que tanto blanco habían hecho en las familias cubanas. Así fue que comencé a sentir aquel salmo como algo nuestro, al tiempo que me venía a la mente la letra de nuevos versos, y para impedir que se me escaparan tomé papel y lápiz y comencé a escribir. Al poco rato ya tenía lo que era para mí la versión cubana del salmo 23. Antes de salir para unirnos al grupo me fui a sacar un paquete de copias que repartimos aquella misma noche entre muchos de los presentes. Hasta nuestro hijo de diez años nos acompañaba con su paquete de hojas repartiendo entre la multitud.[Leer Más…]

Emigrantes Españolas en Francia – Héroes Anónimos

Emigrantes españolas en la Misión de la Rue de la Pompe. Paris.

Desde aquella primera visita a la Iglesia de los Claretianos había seguido asistiendo todos los sábados. Allí fui conociendo a muchos emigrantes españoles, en su mayoría mujeres, pues eran muy pocos los hombres que venían a la misa. Todas ellas trabajaban como empleadas domésticas o como conserjes en edificios de apartamentos. La difícil situación que había enfrentado España durante la dictadura de Franco, que llegó hasta 1975, las obligó a irse a Francia en busca de trabajo para así poder ayudar a sus familias. Habían venido desde muy jóvenes, pero una vez que terminó el franquismo el poder regresar a España no representaba que pudieran conseguir trabajo, y quedándose en Francia podrían ganar mucho más. Si se retiraban antes de la edad requerida no era mucha la compensación que recibirían, por lo que se veían obligadas a esperar a la edad de retiro para recibirla. Esa realidad las forzaba a permanecer en Francia hasta retirarse, edad a la que ninguna había tenido la posibilidad de formar un hogar pues en esa vida que llevaban les era imposible, aunque como característica entre las españolas, y por lo que pude apreciar, existía una marcada tendencia entre las mujeres de esa época a optar por el celibato dada la realidad que les había tocado vivir. No es menos cierto que me encontraba en un escenario muy único para utilizarlo como conclusión para el resto de esta parte de la población.

A no ser que alguna situación seria de familia las obligara a regresar a España permanecían en Francia mientras pudieran soportar el trabajo, razón por la cual la mayoría se enfrentaba a una vejez en soledad o dependientes de la compañía de algún otro familiar que al final decidiera acompañarlas a su regreso, lo mismo por amor que por el interés en las tías que regresaban después de haber acumulado cierto capital. Unas contaban quizás con parte de alguna herencia, mientras que otras se habían comprado algún piso en España, como decían, para asegurarse un techo propio cuando regresaren definitivamente.[Leer Más…]

Mi Encuentro Con los Misioneros Claretianos – Paris 1983

Claretianos - PARIS

Parroquia de los Misioneros Claretianos.
Rue de la Pompe – Paris.

¿Cómo me encontré con los Misioneros Claretianos en Paris?

Por mucha fe que tuviera de que Dios me ayudaría en aquella experiencia que estaba atravesando, la realidad es que estaba sin trabajo y no podía quedarme con los brazos cruzados, pero no me encontraba en condiciones de estar pidiéndole a mis conocidos que me ayudaran a conseguir trabajo pues yo era el único responsable de haber perdido el que tenía, y por supuesto que con quien no supiera nada ya era diferente. Cada día salía desde temprano a recorrer los alrededores buscando unas noticas que solían colocar en todos los establecimientos las personas que pedían cualquier tipo de servicio, anotaba los teléfonos y me iba hasta una cabina a llamar. Y así fueron pasando las semanas pero no acertaba con ninguno. Sabía que no era fácil que me aceptaran sin recomendación, y por el hecho de ser hombre tenía muchas menos posibilidades, pero lo seguía intentando.

Era sábado 23 de abril y como de costumbre me fui al apartamento de Jorge a donde iba cada quince días a esperar la llamada desde Cuba, pero aquel día lo que me encontré fue una familia desesperada. No podían entender un cambio tan brusco en mi comportamiento y hacían todo lo humanamente posible porque entrara en razones. Hasta llevaron con ellos al pastor de la iglesia para ver si lograba hacerme reflexionar, quien me recomendó tres pasajes bíblicos para que meditara en ellos, los que desde su punto de vista encajaban muy bien en mi situación, pero desde mi perspectiva no era más que un llamado a ser fuerte y resistir, a no dejar el camino que había tomado por fuerte que fuera la oposición. No obstante, al escuchar la voz de mi madre no pude menos que lamentar el haber prestado atención a aquel supuesto llamado de Dios. Todo parecía indicar que era arriesgarse demasiado en una aventura en que hasta ese momento lo único visible era que estaba provocando mucho sufrimiento, pero tampoco veía forma de poder remediar ese daño a no ser que desistiera de aquella idea que había decidido alimentar en mi mente y corazón.[Leer Más…]

Solo Dios Puede Cambiar el Corazón de los Hombres…

…. cuando le abrimos a EL nuestro corazón.

Este artículo lo dedicaré a recordar a mi compañero de cuarto, el testigo más cercano a la experiencia que estaba viviendo. Sé que para él no fue nada fácil enfrentar aquella situación, pero estoy convencido que el haberle encontrado no fue fruto de la casualidad, para mí fue algo de mucha importancia. Gracias a eso es que ahora puedo compartirles esta historia que nos ayudará a comprender por qué solo la intervención de Dios puede cambiar el destino de nuestra isla.

A medida que iba comentándole la experiencia que vivía, le iba mostrando partes de la Biblia cuyo mensaje mostraba situaciones que reflejaban claramente la situación de Cuba, pero sin importar cuan acertado fuera lo que le leyera, siempre me decía que no me hiciera ilusiones que aquello nunca cambiaría, y por supuesto que tenía argumentos de sobra en que apoyarse. Pasaban los días y él seguía insistiendo para ver si yo me daba cuenta de la realidad y reconocía que aquel camino que había tomado carecía de sentido. Un buen día me dijo que tenía que contarme algo, para que entendiera por qué me decía que desistiera de mi empeño, y así fue que comenzó aquel relato que confieso me agarró de sorpresa.

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Símbolos Eternos Presentes en la Bandera Cubana

 

Bandera Cubana

 

Símbolos de mi Fe en Dios presentes en la Bandera Cubana.

Pasaban los días y yo atento hasta en el más mínimo detalle de lo que ocurría a mi alrededor, tratando de identificar todo lo que pudiera arrojar alguna luz sobre la experiencia que estaba viviendo. Anotaba lo que creía digno de recordar en que la mente luego pudiese traicionarme, aunque en aquel momento era imposible imaginar que transcurrirían tantos años hasta que pudieran servirme de algo esas notas que tomaba.

Fue gracias a eso que sé que fue un 11 de abril cuando como de costumbre me levanté temprano para irme al trabajo, pero no pasé por alto que estaba pensando en la bandera cubana con marcada insistencia, algo que no me parecía muy normal. Desde el 24 de febrero recién pasado Cuba era el centro de mis pensamientos, pero en ningún momento me había enfocado en la bandera, y lo cierto es que aquella imagen se mantuvo en mi mente por el resto del día y no se iba. Me acosté esa noche y dormí bien, como siempre dormía, pues aquella experiencia que estaba atravesando no me había afectado el sueño en lo más mínimo, pero al amanecer del día siguiente fue como si la bandera estuviese esperando a que me despertara, y confieso que ya comenzaba a incomodarme. [Leer Más…]

Lo que Representa Vivir por Fe

Renuncio al asilo político decidido a vivir por Fe.

Por lo que iba viviendo, con el pasar de los días cada vez estaba más convencido de que había un propósito muy especial de Dios para Cuba. Aquel 24 de Febrero había cambiado por completo mi percepción de la realidad y a mi entender todo obstáculo que impidiera mi regreso, en el momento que fuera, debía quitarlo del camino. Por ese motivo el 3 de Marzo me presenté a la oficina de los refugiados dispuesto a rechazar el asilo político, aquello que había asegurado mi permanencia en Francia, pero que a la vez me impedía regresar a Cuba en caso de necesitarlo.

Por supuesto que esta vez fui solo al mismo lugar que con tanta ilusión me habían llevado mis amigos a hacer todas las gestiones que en tan corto tiempo me habían aprobado. En aquel momento no podía comprender hasta qué punto llegaba la frustración que ellos estarían sintiendo. Mi actitud era motivo más que suficiente para que se desentendieran de mí por completo y que me las arreglara como pudiera después que ellos habían hecho tanto por ayudarme, sobre todo por lo reciente que estaba la experiencia con mi cuñado, y yo ahora preparando las condiciones para quién sabe qué desastre en el futuro, en un país donde yo no tenía a nadie más y ellos se veían como los más allegados. Comprendo cuán tolerantes fueron que ni una sola palabra ofensiva escuché de sus labios al saber de mi decisión.

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Cuando Supe que Había Esperanza para el Pueblo de Cuba

El Pueblo de Cuba no estaba solo, podía contar con la ayuda de Dios.

En el último año que había pasado en Cuba, expulsado ya del trabajo, me había involucrado mucho en la iglesia, llegando incluso a ser presidente del grupo de jóvenes. En es entonces hacía no mucho tiempo que había tenido una experiencia que me llevó a encontrar en Dios un apoyo real, algo que cada día iba aumentando mi fe y me iba fortaleciendo cada vez más para hacerle frente a todo lo adverso que se me iba presentando. Fueron los hechos relacionados con el éxodo del Mariel los que presentaron el escenario para esa ruptura que necesitaba con todo lo que me impedía llevar abiertamente una vida de fe.

Una vez que me expulsaron del trabajo no me involucré de inmediato en la iglesia, pues producto de aquella vorágine que se estaba viviendo mucha gente que no se había podido ir del país, pero que sí había quedado identificada como contraria al sistema, encontró un refugio en las iglesias, momento que no iba a ignorar el gobierno para reforzar la presencia de infiltrados en las mismas, como siempre lo había hecho, pero en esta ocasión con más razón aún, conscientes de que se hablaría más de planes de salida del país que en otro tiempo, y el gobierno necesitaba estar bien informado de lo que allí se hablaba. Por mi parte no estaba dispuesto a enfrentar aquella persecución pues con la que ya soportaba era suficiente, pero una vez que esa furia inicial pasó fue que comencé a asistir a una iglesia en la que estuve hasta el momento de la salida, muy atento siempre a los temas que no estuvieran relacionados con la religión los cuales debía tener cuidado de evitarlos, a sabiendas que los infiltrados serían los más propensos a iniciarlos.[Leer Más…]

El 17 de Diciembre de 1982 Dejaba Atrás a Mi Patria

Courtesy of Joe Ravi - CC-BY-SA 3.0

Courtesy of Joe Ravi – CC-BY-SA 3.0

Diciembre 18 de 1982. Aeropuerto de Orly, Paris.
Después de un largo viaje y con un frío que partía los huesos allí me esperaba Marie Antoinette y su padre para llenar ese vacío que se siente al llegar solo a lo desconocido. El vuelo de la Habana a Madrid no había podido aterrizar en el aeropuerto de Barajas debido a una tormenta de nieve y tuvo que seguir hasta Barcelona donde esperamos unas dos horas hasta poder regresar a Madrid. Nos habían desviado justo a la ciudad desde donde había recibido la primera carta de Soledad Martínez, quien nunca más me había escrito, y ahora me estaba esperando en Paris la única persona entre las que ella me había indicado escribir y con quien había mantenido contacto después de varios años. Allí le agradecí en silencio todo lo que sin ella saber había hecho por mi, sobre todo el viaje que estaba realizando en aquel momento, única vía disponible para salir de Cuba. Quién sabe si habría muerto, no tenía la menor idea de lo que había pasado con ella, pero el agradecimiento estaba en mi corazón. Llegué a Madrid con el tiempo justo para tomar el vuelo de Air France rumbo a Paris.[Leer Más…]

Mi Agradecimiento a Una Gran Amistad

Nací y crecí en el campo, en una finca a cuatro kilómetros de Coliseo, un pueblecito de la provincia de Matanzas por donde pasa la carretera central. Allí no teníamos electricidad y entre las pocas señales visibles de desarrollo solo contábamos con un radio Zenith americano que llevaba una batería que pesaba más que el mismo radio y cuya antena era un alambre en forma de tendedera en el patio. Como las casas estaban distantes y entre semana nadie solía visitarse, la única distracción en las noches era sintonizar emisoras de onda corta, entre ellas La Voz de la Amistad desde Bonaire en las Antillas Holandesas. Solía escuchar un programa donde daban los nombres de muchos que escribían interesados en mantener correspondencia para intercambiar sellos de correo, postales y monedas, y animado con la idea que me permitiría cambiar un poco aquella monotonía de vida decidí escribir yo también. Tendría a lo sumo unos trece o catorce años. Así fue como un día escuché que mencionaron mi carta. ¡Qué importante me sentí cuando escuché que dijeron mi nombre! Solo pensaba en el momento en que llegara la primera carta, hasta que llegó, era de Soledad Martinez Ripoll, de Barcelona en España.

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